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UN TOBOGÁN DE EMOCIONES

Amigos y amigas, esta semana vivimos nuevamente en un tobogán de emociones. Parece que, a fin de
cuentas, los chilenos y chilenas no somos tan distintos al resto de nuestros hermanos del continente. Nos gusta el melodrama, y somos bien exagerados al mostrar nuestras emociones. Eso en sí, no tiene nada de malo, sólo es una constatación, que nos permite ser menos cáusticos al juzgar a los demás. La semana se dividió entre noticias alusivas al secuestro de un ex militar venezolano, y las referidas a una nueva versión del festival internacional de Viña Del Mar. La tantas veces comentada, hegemonía en el control de los medios de comunicación, por un sector político, nos tuvo desde la mañana a la noche, conociendo las más intricadas teorías, acerca del dramático secuestro.

Un hecho tan sensible y doloroso, para su familia, como podría serlo para la familia de cualquiera de
nosotros. No estamos en Chile, habituados a este tipo de delitos, es cierto, de que hace diez años no existían, y que desde hace unos cinco, se han vuelto preocupantemente frecuentes. Pero no está en nuestra normalidad, a Dios gracias, este tipo de lacra delictiva. Por tanto, convengamos en que el secuestro de personas, en sí, reviste tal gravedad, que no hay discurso político que valga. Quiero decir, que es muy grave, y doloroso, para un país que conoció el secuestro y desaparición de personas, como práctica sistemática de la dictadura, el ver tantos años después, de vuelta horrores similares. Es aquí, donde reside, la parte más cuestionable éticamente de este asunto. El uso y manipulación política, de la tragedia y el dolor de una persona y su familia. Lamentablemente, el sector conservador chileno, que abrazó con fervor y entusiasmo la política de terror de estado, de la dictadura civil-militar, tomó como una oportunidad única, este trágico hecho. Era hora de sacar al pizarrón al progresismo.

Cómo era posible que el gobierno permitiera, que la tiranía venezolana, persiguiera en Chile, a sus
opositores. Ese era más o menos, el argumento. El eterno complejo de la derecha chilena con las violaciones a los DDHH, cometidos por un régimen dictatorial del que fueron protagonistas, y promotores, encontraba por fin, una contracara, un empate en la bestialidad y el horror. Pasamos la semana entera, viendo el desfile de figuras de todo el espectro de partidos conservadores chilenos, y sus movimientos subalternos del ex centro político, haciendo sentidas declaraciones en contra del régimen venezolano. Con el mismo énfasis, se urdieron teorías, se citaron declaraciones de supuestos agentes de inteligencia de la oposición venezolana. Uno de ellos, de dudosa filiación, que, desde Miami, sindicaban al gobierno de Chile, como cómplice en una trama internacional, para perseguir a disidentes políticos. Un frenesí mediático que sólo se puede explicar, por la hegemonía absoluta de sectores de la derecha económica y política, en el control de los medios. Se difundieron las ideas y teorías más absurdas, y la cohorte de periodistas a sueldo, en los medios, haciendo gala de una pasividad e indolencia, que ofende la inteligencia de cualquiera.
Muy activos, los parlamentarios conservadores, se aprestaban ya a iniciar sendas comisiones
investigadoras, y otros muy laboriosos, pedían volver antes a sesiones en el congreso, interrumpiendo el feriado.
Cuando, la realidad deja con un palmo de narices, a los conspiranoicos, sucede el sensible hallazgo, en tiempo record, de los restos mortales de la persona fallecida. Una acción coordinada, de fiscalía, las policías, y la subsecretaría del interior, permitió dar con alguno de los presuntos responsables del secuestro. Por cierto, no hay indicios de que existiera algún móvil político, y se presume la actuación de bandas narco. ¿Qué podemos decir?, un hecho horrible, y que no pude dejar a nadie impávido. Las instituciones han actuado eficientemente, y deberán continuar hasta el esclarecimiento total de los hechos. Mientras tanto, la lección más importante, sobre todo, para el sector conservador, es a moderar sus palabras, a contenerse, no es sano, ni tampoco permisible, que personas que detentan cargos de responsabilidad política, acostumbren a declarar cualquier cosa, con tal de ocasionar un problema al gobierno. Dañar la imagen de Chile, como lo han hecho esta semana, es irresponsable, y es una conducta que atenta contra los valores intrínsecos de nuestra república. Mentir y mentir, sólo para generar un hecho político que dañe al gobierno, está mal, sea que lo haga la derecha o la izquierda. Así no se
sirve a Chile y a su gente.
Amigos y amigas, me quedo con la templanza que han tenido nuestras autoridades, partiendo por el
presidente Boric, quien ha manifestado en todo momento su preocupación por un caso, que afecta a una persona y su familia. Conocida por todos, es su actitud de rechazo a toda dictadura, sea del sello que sea. Por cierto, lo ha manifestado enfáticamente, respecto del régimen de Maduro en Venezuela. En la misma línea la ministra Carolina Tohá, y el subsecretario del interior, Manuel Monsalve, dos baluartes del socialismo democrático, que han servido eficaz y eficientemente, las altas responsabilidades de su cargo.
Pero decía, más arriba, amigos y amigas, que vivimos una semana que fue un torbellino de emociones.
Porque también tuvimos el debut, desarrollo y despedida, del festival internacional de Viña del Mar, en su
versión sexagésima tercera, es decir que se hace 63 años. No ahondaremos acá en el detalle de las numerosas presentaciones de artistas, sólo decir que, entre los puntos más altos, estuvo la actuación del tenor Andrea Bocelli, que emocionó a todo Chile por su grandiosa voz. Y, asimismo, la presentación del grupo Los Bunkers, que los posicionan como la banda rock, más importante de este momento, en la música chilena, Como siempre, la parrilla de artistas es suficientemente amplia, para satisfacer el gusto de generaciones distintas, y también a audiencias distintas. El festival, es el rito del término del verano, que hemos tenido a lo largo de la historia, y así fue también este año, El enfoque solidario, también es un punto alto a destacar, debido a que la altísima recaudación, irá a fondos de reconstrucción de los miles de hogares destruidos por las llamas.
También recibimos, esta semana, excelentes noticias de la economía, que nos dan a todos un respiro, y
nos llena de esperanzas. Nuestro buen ministro de Hacienda Mario Marcel, ha señalado que la cifra dada a conocer por el Banco Central, de que, Índice Mensual de Actividad Económica (Imacec) creció 2,5% interanual en enero, son excelentes noticias para todos y todas. La cifra superó las proyecciones del mercado, que esperaban un crecimiento en torno al 0,1%, y anota su mejor desempeño desde junio de 2022. Todos los sectores económicos marcan un crecimiento, lo que abra expectativas de que el año 2024, va a ser efectivamente el año de la recuperación económica. El Ministro Marcel, proyecta un crecimiento de 2,4% para el año 2024. Más crecimiento económico, implica más oportunidades de empleo, ingresos formales y constantes, y mayor poder adquisitivo, lo que redunda en un mejor bienestar del trabajador y trabajadora, y su familia.
En línea con lo anterior, en el último consejo de gabinete, el presidente Boric, pidió a sus ministros y
ministras, que los dos años que restan de su mandato, estén consagrados a cumplir promesas, a lograr avances concretos con buena gestión, y a estar permanentemente en el territorio, transmitiendo las buenas nuevas.
Es muy atingente la instrucción presidencial a su gabinete. En esta misma semana, dirigentes políticos
del propio partido del presidente, hacían ver que el gobierno debía hacer un mayor esfuerzo por ganar “la batalla ideológica a la derecha”, de paso se cuestionaba la disposición del gobierno al dialogo y a construir acuerdos con la oposición. En un ambiente político chato y autorreferente, fue bienvenida la declaración del diputado Winter. Porque dio paso a las réplicas de rigor. La jefa de gabinete, Carolina Tohá. Fijó con claridad el norte del gobierno progresista, señaló “los testimonios no son avances sociales si no se logran transformar en acuerdos democráticos”. Una verdad más grande que una catedral. En el mismo sentido, se han citado reflexiones similares, de uno de los intelectuales más reputados, y muy escuchado por el presidente, Noam Titelmann, quien ha sostenido, que a veces lo más progresista, es llegar con luz eléctrica a un barrio que no la tiene, o que el servicio de aseo, retire la basura oportunamente. Por cierto, yo coincido más con la ministra Tohá, y con Noam Titelman, las personas necesitadas, no se alimentan ni con discursos ni con frases para el bronce. La primera tarea, el primer deber de un gobierno progresista, es aliviar los dolores de su pueblo. No hay ideología que se sostenga, si no es con solución de problemas, y con mejoras concretas y efectivas de la calidad de vida de las personas. No hay transformación social posible, sin buena gestión.
Ernesto Sepúlveda Tornero