El Día de la Tierra fue la fecha que el Dr. Ricardo Rozzi eligió para su incorporación a la Academia Nacional de Ciencias, prestigioso reconocimiento que se le otorga tras una larga trayectoria en el extremo sur del país, cuya misión se ha destacado por contribuir con información clave para el cambio climático global y la conservación biocultural de la zona.
Ricardo Rozzi, doctor en Ecología y magíster en Filosofía de la Universidad de Connecticut, con formación en la Universidad de Chile, y actualmente profesor de la Universidad de Magallanes (UMAG) y de la University of North Texas, ha desarrollado su trabajo durante más de tres décadas en el extremo sur de Chile.
Sus principales iniciativas, pioneras en el ámbito biocultural subantártico, son haber impulsado la creación del Parque Etnobotánico Omora en Puerto Williams, la creación de la Reserva de la Biósfera Cabo de Hornos y el Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC), proyecto basal ANID desarrollado a través de la UMAG. Estas iniciativas han sido valoradas en el mundo de la ciencia como acciones virtuosamente complementarias.
En la ceremonia realizada el miércoles, Rozzi abordó el rol de la ciencia en el contexto actual, defendió su vínculo con la ética y las artes, y advirtió sobre los riesgos de su debilitamiento frente a fenómenos contemporáneos. “Estamos en un momento de mucha tensión donde la ciencia es omitida, es tergiversada y suprimida, e impera lo que llamamos la posverdad”, señaló durante su discurso de incorporación.
Una plataforma de conocimiento científico
Al respecto, sostuvo que Chile puede proyectarse como una plataforma científica global no solo para la astronomía, sino también para el estudio de la biodiversidad. “Chile será una plataforma central para el conocimiento del microcosmos desde el Cabo de Hornos, combinando ciencia, educación, arte y filosofía”, comentó el investigador y académico.
Esa proyección se sustenta en una región que describió como única en el mundo. Desde Cabo de Hornos, explicó, se ha impulsado un modelo de investigación que permite observar procesos ecológicos y climáticos en una zona sin réplica en otras latitudes, lo que ha llevado a caracterizarla como un “centinela del cambio climático”.
En paralelo, advirtió que el cambio global ya está generando efectos observables en el extremo sur. Mencionó la detección de malaria aviar en Cabo de Hornos, asociada a la llegada de mosquitos que transmiten patógenos a aves migratorias y residentes
.
Las tres “H”
En la ceremonia, el investigador presentó el modelo de ética biocultural que ha desarrollado, sintetizado en lo que denominó las “tres H”: cohabitantes, hábitats y hábitos de vida. El esquema propone entender quiénes conviven en un territorio, dónde lo hacen y cómo se relacionan entre sí, integrando así dimensiones biológicas, culturales y éticas en una misma mirada.
“El concepto de cohabitante es la piedra angular”, afirmó. En esa misma lógica, el hábitat se entiende como un espacio que debe ser cuidado, mientras que los hábitos de vida corresponden a prácticas concretas. “La ética también es práctica”, señaló.
El investigador también abordó el reconocimiento de los pueblos originarios en la conservación del territorio. Señaló que la Reserva de la Biósfera Cabo de Hornos se encuentra en proceso de cambio de nombre para incorporar la denominación Yagán Usi (casa yagán), en un expediente que será presentado ante la UNESCO.
En ese marco, afirmó que la conservación y la economía deben avanzar juntas. “No puede haber conservación si no hay economía, pero tampoco puede haber buena economía sin conservación”.

