Esta semana se conmemoraron los 200 años de la Presidencia de la República en Chile, se estableció
formalmente el 9 de julio de 1826. Según refiere el sitio web de la Biblioteca del Congreso Nacional (BCN), el
primer titular del cargo de presidente de la república, fue el marino y militar don Manuel Blanco Encalada,
quien asumió tras un intento fallido de implementar un sistema federal en el país. Pese a que historiadores
conservadores han sostenido que la institución de la presidencia de Chile, inicia mucho antes, en tiempos de
la colonia, no cabe ninguna duda que, desde la existencia de Chile como república independiente, el primero
en detentar el cargo fue don Manuel Blanco Encalada. La otra mención, se trató de una denominación dada
a la máxima autoridad de la corona española en Chile, y no forma parte de la institucionalidad de Chile
independiente.
Tras la abdicación de Bernardo O´Higgins al cargo de Director Supremo que detentó entre 1817 y
1823, lo reemplazó el general Ramón Freire quien asume el mando también como Director Supremo.
Durante su mandato, bajo las Leyes Federales de 1826, se creó por primera vez la investidura presidencial.
El nombramiento de Blanco Encalada se debió al rol fundamental que tuvo durante la guerra de la
independencia y en la victoriosa campaña de Chiloé en 1825, que permitió derrotar el último foco de
resistencia realista y consolidar el control de todo el territorio nacional. En su condición de militar y marino,
fue uno de los forjadores y primer comandante de la Armada de Chile. La inestabilidad política de los
primeros años de nuestra naciente república, se grafica en forma patente, con el hecho de que don Manuel
Blanco Encalada, nombrado presidente el 9 de julio de 1826, sólo permaneció en el cargo durante dos
meses, renunciando el 9 de septiembre de 1826, debido a la inestabilidad y a su rechazo al naciente sistema
federal. Concluida su breve experiencia como Presidente de la República, Blanco Encalada sirvió en la
marina, y el servicio diplomático durante décadas, falleciendo en Santiago en 1876.
Tras la renuncia de Blanco Encalada, asumió la presidencia el general Ramón Freire desde el 25 de
enero de 1827 al 8 de mayo de 1827. A este lo sucede en el cargo don Francisco Antonio Pinto quien lo
ejerce entre el 19 de octubre de 1829 y 2 de noviembre de 1829. El breve período en que ejercieron como
presidentes Blanco Encalada, Ramón Freire y Francisco Antonio Pinto, permite que se complete un primer
mandato presidencial de cinco años. El primer presidente de la república que ejerció un período completo en
el cargo, siendo re elegido por un nuevo período de cinco años, fue don José Joaquín Prieto Vial Presidente
de la República entre el 18 de septiembre de 1831 y el 18 de septiembre de 1841.
En conmemoración de los 200 años de la Presidencia de la República, el 9 de julio de 2026, el
Presidente de la República, José Antonio Kast, encabezó una ceremonia oficial efectuada en el Museo
Histórico Nacional. No sólo se realzó el hecho histórico que se conmemoraba, sino también el lugar escogido
para el acto. Se trata de un edificio patrimonial dentro de las manzanas fundantes de la ciudad, se recuerda
que fue construido sobre el solar que perteneció al conquistador español don Pedro de Valdivia. En dicho
lugar han ocurrido eventos trascendentales de la Historia de Chile, allí se instaló en 1811 el Primer Congreso
Nacional. También se efectuó allí en 1817 la proclamación de Bernardo O’Higgins como Director Supremo.
Asimismo, el recinto del actual Museo Nacional albergó a la Casa de Gobierno hasta 1845, cuando el
Presidente Manuel Bulnes trasladó la sede del Ejecutivo a su actual ubicación, que corresponde a la antigua
Real Casa de Moneda, de la cual ha conservado su nombre de Palacio de La Moneda.
Imbuido de un sentido histórico y republicano, que se agradece, el ejecutivo reunió en la ceremonia
de conmemoración a los expresidentes Eduardo Frei Ruiz-Tagle y Gabriel Boric. Asimismo, concurrieron
representantes de las familias de los exmandatarios Patricio Aylwin y Sebastián Piñera. No concurrió la
presidenta Michelle Bachelet, actualmente en gira internacional por su campaña a la secretaría general de la
ONU. Tampoco lo hizo el presidente Ricardo Lagos, retirado de la vida pública desde hace un tiempo.
El presidente Kast en su intervención valoró la disposición de la presidenta Bachelet con quien se
comunicó personalmente las últimas semanas, y también las palabras de los presidentes Frei y Boric, así
como de la señora Cecilia Morel quien habló por el finado presidente Piñera. Llamó la atención, para bien,
que el actual presidente señalara, que Chile no comienza de cero con cada gobierno, y que tampoco
concluye junto al gobierno. Un mensaje compartido de la necesidad de confluir en una mirada común, más
allá de las legítimas diferencias. La disposición franca de los ex presidentes a acudir si se los llama por la
república, es el espíritu de colaboración que debiera primar en la vida política de Chile. Pero eso no es así. El
discurso agresivo, insultante y descalificador se toma las discusiones en el congreso nacional, y los ministros
del gabinete hacen lo suyo cada semana, para demostrar que están por imponer una sola idea.
Existe una disociación evidente entre el discurso del ejecutivo en la conmemoración de los 200 años
de la Presidencia de la República, y lo que sucedió esta misma semana en el congreso nacional, en la
discusión de la mega reforma tributaria. Para asistir a eventos protocolares somos buenos, pero para discutir
sobre los intereses de Chile, no tanto. Algo así podrían concluir los presidentes del progresismo, debido a
que, en el congreso nacional, el ejecutivo persiste en su estrategia de tierra arrasada, aprobar la mega
reforma, aunque sea por un voto. No se ha escuchado razones, no se ha atendido a evidencia empírica ni
opiniones de expertos. Es una actuación política que sólo se puede asimilar a sectores extremos, cuyo
fanatismo está por sobre los intereses generales de la nación. El sentido común es reemplazado por la
opinión unánime, categórica, plena de maximalismos de un reducido grupo de seguidores obsecuentes y
vociferantes.
Las inspiradas expresiones formuladas en la conmemoración de los 200 años de la presidencia de la
república, muestran una leve luz de lo que podría ser la convivencia democrática en Chile, si los discursos se
hacen carne en la praxis política cotidiana. Si los políticos bajaran un poco el tono estridente y escandaloso
con el que se arrojan a la cara los argumentos, tal vez se podría avanzar en diálogos fructíferos.
Como amante de la historia me encantó que se hiciera esta conmemoración, también el lugar
escogido. Al igual que una inmensa y creciente mayoría del país, espero que la actual administración haga un
importante cambio de enfoque, un cambio de tono que permita alcanzar mínimos acuerdos. Que esas
inspiradas palabras del presidente y ex presidentes, orienten un cambio de actitud. Es imprescindible para
asegurar la estabilidad social y política del país. Y esta es conditio sine qua non de todo progreso.
Ernesto Sepúlveda Tornero

