UNA PARTIDA INTEMPESTIVA

Esta semana la noticia debía ser el triunfo legislativo del gobierno conservador, que logró a muy bajo
costo, los votos necesarios para imponer su reforma tributaria en la cámara de diputados. Se cosechaba el
fruto de una negociación con el partido populista de Giles y Parisi. Se lograba, asimismo, infligir una nueva
derrota al progresismo, que aún no se encuentra en su nuevo rol opositor. Pero las cosas no fueron así, sea
por designio divino, otros dirán por el destino o la mala suerte, en la puerta del horno se le quemó el pan al
gobierno, y la noticia no fue el exultante ministro de hacienda, que lograba resucitar a los Chicago Boys,
décadas después de muertos y enterrados. Sino que la noticia, fue la intempestiva despedida de la ministra
vocera de gobierno y la ministra de seguridad. El propio presidente les habría pedido la renuncia, seguro fue
alguna fórmula como “las dejamos partir”, o algo así, para tratar de atenuar el golpe demoledor a la gestión
gubernamental. Nadie estaba preparado para algo así, a poco más de sesenta días del inicio del gobierno, se
inscribe como el cambio de gabinete más rápido del oeste. Ningún gobierno anterior logra ese récord desde
el retorno a la democracia. La ceremonia de cambio de gabinete, anunciada a todos los medios para su
amplia cobertura, se atrasó varios minutos, y estuvo cargada de emotividad. Este aspecto resulta al menos
llamativo, dados los chascarros, errores y complicaciones que protagonizaron las dos ex ministras. Hubo
amplia coincidencia en que dar un golpe de timón de esta naturaleza fortalecería la imagen presidencial. Sin
embargo, el tono del presidente, llenando de alabanzas a las dos salientes ministras, hizo dudar de si el
ejecutivo actuaba por convencimiento o forzado por las circunstancias. De hecho, en medio de su discurso,
el presidente dice expresamente que no quería estar en esta situación tan pronto. Los reiterados
agradecimientos a las dos ex ministras, con frases que revelan una cercanía personal, hicieron preguntarse a
varios, si es que eran tan buenas, ¿por qué las saca? Es evidente que la decisión tuvo un importante
componente emocional. El rostro del presidente lo expresaba con claridad. Sumado al insólito rol que jugó la
Primera Dama en la ceremonia. Por primera vez desde 1990, la Primera Dama participa de un cambio de
gabinete. No hay precedentes, por lo que no existe un protocolo sobre el particular. No obstante, cumplió
un peculiar rol de contención para las ministras salientes, a quienes mantuvo tomadas de la mano durante la
ceremonia. Es posible que la Primera Dama, dado su carácter y personalidad, despliegue un rol activo en el
acompañamiento del presidente. Sea cual sea ese rol, está meridianamente claro que los actuales habitantes
de La Moneda, quienes viven literalmente allí, deberán ajustar más finamente los espacios de convivencia
doméstica, de aquellos que corresponden a cuestiones de estado.
Como dirían en el campo “Se está desgranando el choclo”. La pregunta ahora es si la salida de las
ministras vocera y de seguridad, cierra el capítulo del cambio de gabinete, o este permanece abierto, a la
espera de nuevas partidas. Desde ya se aprecia una concentración de tareas fundamentales, en manos de un
puñado de personas. La figura de los bi-ministros, que ya se ha conocido en administraciones anteriores,
parece hoy, más como una improvisación para salir del apuro, que una decisión meditada previamente. Es
innegable la expertise y la solvencia del ministro del interior, quien asume también la vocería. Sin embargo,
una falencia reconocida transversalmente, han sido las comunicaciones, y no se aprecia que en ese ámbito el
disponer de un ministro a medio tiempo, cumplirá con las expectativas. El caso del MOP es el más delicado,
es el ministerio más importante, tanto por la cuantía de los proyectos de inversión que gestiona, como por el
rol que juega en la reactivación económica. Es un gigante que no puede dirigirse en media jornada. Si es
verosímil la voluntad política de impulsar el crecimiento económico, esa tarea comienza aquí. Es probable
que no estuvieran preparados para un cambio como el sucedido, pero no se puede corregir un error de
diseño inicial, cometiendo uno mayor en la implementación de las políticas pro crecimiento. Y esto no debe
entenderse como un cuestionamiento a las capacidades profesionales del bi-ministro de transportes y Obras
Públicas, sino más bien, es un llamado a considerar las dimensiones y la importancia del MOP, que hoy no se
están ponderando adecuadamente.

Nunca he visto “Sin filtros”, no es mi estilo de programa de debate o conversación. No me inscribo
dentro de los que conoció a la ex ministra Sedini en ese programa, nunca lo vi. Tenía una visión
desprejuiciada de lo que podía ser su desempeño en la vocería. Al igual que al resto del gabinete, le concedí
el beneficio de la duda. Y si bien su partida fue intempestiva, existen factores objetivos que recomendaban
hacer el cambio. No fue su juventud, la cual varios inapropiadamente comparaban con la de la ex ministra
Vallejo, sino su performance, su falta de experiencia en el estado y en la política. Así es amiguitos, esa
actividad tan vilipendiada, que sin embargo cumple la noble tarea de gestionar las diferencias, para permitir
avanzar en conjunto a la sociedad. Hay hombres y mujeres que han hecho de la política su oficio, y gracias a
ellos, los gobiernos sean del color que sean, pueden llevar adelante sus programas.
En el sector conservador hay una pléyade de políticos con experiencia en la tarea de gobernar. Los
dos gobiernos del finado presidente Piñera, dejaron un elenco de personas formadas en la función pública, y
resulta sorprendente, que, perteneciendo también al sector conservador, el gobierno del presidente Kast no
los considere. Obviamente que existen diferencias tan importantes como las que existían entre el socialismo
democrático y el FA. Un sectarismo inicial, y una arrogancia temprana, son dos características que
comparten los extremos políticos. El aprendizaje necesario y saludable, le tomó al menos un año, al nobel
gobierno de Boric. De ahí vino un giro parcial, y a las más importantes tareas de gobierno, fueron
convocados los cuadros del socialismo democrático. Para algunos, esto permitió completar el mandato
presidencial, aunque subsistieron y subsisten hasta el presente, diferencias sustanciales. El punto, es que
esas diferencias, que son importantes y visibles, también en el sector conservador, no son óbice, para
suscribir un pacto de gobernabilidad.
Aún es tiempo de enmendar para el gobierno ultra conservador. El fuego de sus convicciones y
certezas ideológicas, pueden seguir existiendo, pero deben entender una verdad básica, sólo una fracción
minoritaria del país adhiere a tales ideas. Siendo esta la realidad indesmentible, es tiempo de actuar con
responsabilidad, y pensar fuera de la caja, para darle gobernabilidad a Chile. Eso es lo que garantiza la paz y
la estabilidad social y política, no el imponer las ideas por magras mayorías circunstanciales.
Ernesto Sepúlveda Tornero