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NO HAY PROGRESO SOCIAL SIN PAZ

Después de las masivas movilizaciones sociales de 2019, el mundo político, se vio forzado, a generar acuerdos que encauzaran pacíficamente, el descontento y la explosión de expectativas populares. En estos más de dos años transcurridos, tuvimos que enfrentar el flagelo de la pandemia Covid 19, con su secuela de dolor y muerte. También tuvimos que enfrentar graves violaciones a los derechos humanos cometidos durante el gobierno de Piñera. En este mismo período, fuimos capaces de aprobar en plebiscito, una nueva constitución, y que esta la escribiera una Convención constituyente. Elegimos a los convencionales, y se ha desarrollado la labor constituyente, que concluirá el 4 de septiembre con un nuevo plebiscito, para aprobar o rechazar el nuevo texto constitucional. También en este mismo período, se eligió como presidente, al representante de una coalición de izquierda y centro izquierda, que propuso un programa profundo de transformaciones sociales.
Si bien, el encauzamiento institucional, del descontento social, hasta ahora ha sido exitoso. Ya que existe un convencimiento mayoritario en la necesidad de una nueva constitución, ratificado por el 80% del apruebo en el plebiscito. No todo es miel sobre hojuelas. Teniendo por delante un enorme y ancho camino de esperanza y progreso, aún hoy en día, existen grupos minoritarios, que se aferran a la violencia callejera, a la acción delictiva, como medio de expresión. Probablemente, aun hoy en día, se alzarán voces para justificar a quienes salen a destruir el mobiliario público, o destruyen establecimientos educacionales. Algunos, siguen creyendo que detrás de las acciones que ponen en riesgo la vida e integridad física, existe una causa social. Es un profundo error. Bajarles el perfil a las agresiones, sólo nos expone a otras. Y esta violencia está en los liceos y escuelas, aún subsiste en Santiago y las grandes ciudades. Ni siquiera se relaciona sólo con la política. Se busca como excusa cualquier cosa. Esta semana, inició con insultos y amenazas de muerte, a Cecilia Pérez, ex ministra del deporte de Piñera. Fueron escritas sobre los muros de la sede de la U. de Chile. Supuestamente, serían hinchas descontentos, por la llegada de la ex ministra al directorio de ese equipo. La misma semana, trajo una agresión sufrida, ni más ni menos, por el equipo del presidente Boric. En su visita a la Región de Coquimbo, un individuo lanzó una piedra hacia el presidente, impactando en su jefe de gabinete que estaba a su lado, rebotando en la espalda del presidente. El autor fue detenido, y dejado en libertad por el tribunal de garantía. Aparentemente, esa decisión se adoptó por la ausencia de querella del ministerio interior. Y he aquí, amigos y amigas, donde a mi juicio, el presidente enmienda una decisión inicial, y anuncia que el ministerio del interior, estudiaría las acciones a seguir. El presidente se hace cargo, de una verdad más grande que una catedral. En la calidad que inviste, representa una institución de la república, por tanto, no es una decisión que pueda tomarse sólo por deseo personal. Puede parecer de Perogrullo, pero este criterio, de Estado, debiera orientar en lo sucesivo, la actuación del gobierno, en materia de orden y seguridad pública. Es una materia peliaguda. Parte de la izquierda chilena, tiene una especia de prurito o complejo sobre esto. En esa lectura, se entiende la ausencia de denuncia o querella, ante el atentado sufrido por la ministra del interior, en Temucuicui. Fue en la primera semana del gobierno, y pese a la evidencia de la brutal amenaza, y al riesgo evidente de las autoridades de interior, no se efectuó denuncia alguna. Así también, se entiende los titubeos, incluso, para referirse a los grupos armados que operan en la Araucanía y en la provincia de Arauco. No es un tema menor, o el cual se pueda ocultar, u obviar. La violencia, tanto respecto a las personas, como a las instituciones, no son compatibles con el estado de derecho. Sin orden y seguridad pública, resulta estéril, el notable avance en derechos sociales, que se está logrando en la convención constituyente. No existe posibilidad alguna de concretar las aspiraciones de progreso social, que motivaron las multitudinarias movilizaciones pacíficas, si permitimos la violencia, en las escuelas, en los liceos, en las universidades, en los estadios, en las calles. Tengo el convencimiento, que el presidente Boric ha hecho una lectura apropiada de esta realidad. Es el primer responsable de la conducción del país, y debe tener una mirada amplia. Imagino su preocupación, viendo al equipo de la franja. La U. Católica del cual es hincha, nuevamente arrojó proyectiles a la cancha y a la banca de suplentes de Colo-Colo. Lanzaron bombas de ruido, hamburguesas, y al final, una silla plástica. En las entrevistas posteriores, ni los jugadores, ni los técnicos ni los dirigentes, se refirieron a este asunto.
Así estamos en Chile amigos, nadie escapa a este engendro de la violencia. Y no se puede “tomar palco”, como dijo una conocida senadora. Se debe tomar posición, y no tener titubeo alguno. Son demasiadas las expectativas de nuestra población. La gran mayoría, tiene la esperanza de mejorar sus condiciones materiales de vida. Este mejoramiento, se va a producir paulatina y progresivamente, como ha sido los últimos 30 años. No va a ocurrir de un día para otro, mucho menos en el primer semestre del gobierno. Tampoco, la aprobación de la nueva constitución, va a significar de inmediato, el otorgamiento de los derechos sociales allí consagrados. Esta situación va a generar frustración, habrá quienes pretenderán sacar partido del descontento. Es por eso, que la conducción política del país, a cargo del presidente Boric, debe orientar, contener, dirigir, para convencer a todos y todas, que nuestro único camino viable, es el de la paz y el entendimiento. Y el rol nuestro, como ciudadanos de a pie, será respaldar, apoyar, aconsejar para que podamos avanzar hacia el progreso social.
Ernesto Sepúlveda Tornero