Se confirma una drástica reducción en los recursos para subsidios estatales.

La confirmación de un recorte salvaje del 54,38% en el presupuesto de subsidios para
viviendas en Magallanes no es un simple ajuste de cuentas; es una catástrofe social
programada que golpeará con crueldad el corazón de las familias de nuestra región.
Pasar drásticamente de 548 mil U.F a 250 mil UF en los subsidios significa, lisa y
llanamente, congelar el progreso de la zona austral y condenar a miles de hogares
magallánicos a seguir atrapados en el círculo vicioso del hacinamiento, los allegados y los
arriendos impagables.
Lo más alarmante y ofensivo para la comunidad es la indolencia con la que se entrega la
noticia. Escuchar al Seremi de Vivienda, Rodolfo Guajardo, admitir este descalabro
escudándose bajo el vago concepto de «urgencias presupuestarias» —sin entregar un solo
detalle técnico, sin dar explicaciones claras y sin mostrar un plan de contingencia real—
demuestra una alarmante falta de gestión y empatía.
¿Cómo se le explica a una madre que lleva años liderando un comité de vivienda que sus
esperanzas valen menos que una «urgencia» centralista que la autoridad local ni siquiera es
capaz de desglosar?
El voluntarismo de prometer que se «recuperará» la baja presupuestaria por orden
ministerial es una ilusión irresponsable. No existe magia contable que logre hacer aparecer
298 mil UF de la nada. Lo que realmente se viene para Magallanes es un invierno social
permanente: proyectos paralizados, comités sumidos en la incertidumbre, constructoras
locales al borde de la quiebra por falta de obras y el fin abrupto del sueño de la casa propia
para una población que ya vive golpeada por el alto costo de la vida en el extremo sur.
La vivienda digna es un derecho básico, no una variable de ajuste que el nivel central pueda
recortar a puertas cerradas.
El silencio y la falta de argumentos de las autoridades regionales no solo dejan en evidencia
su debilidad frente a Santiago, sino que echan por tierra décadas de esfuerzo comunitario,
empujando a las familias magallánicas a un abismo de desamparo del que será muy difícil
salir.
Para colmo del absurdo, y al cerrar sus confusas declaraciones, el Seremi de la vivienda de
la región de Magallanes, Rodolfo Guajardo, no halló nada mejor que asegurar que el

ministro Iván Poduje «se ha puesto la capa de superhéroe». Es una burla y una profunda
falta de respeto para el sentido común regional.
En Magallanes no se necesitan personajes de ficción ni capas invisibles, ni monos; se
necesitan los recursos que prometieron y que hoy le están arrebatando a la gente.
Los comités de vivienda no viven de la fantasía de un rescate heroico de última hora, viven
de realidades presupuestarias. Frente a una crisis de esta magnitud, la retórica infantil de la
autoridad solo confirma que el gobierno no tiene un plan real, dejando a nuestra población
completamente a la deriva mientras el sueño de la casa propia se desintegra, acá, en el
extremo sur.

Sergio Reyes Tapia.
Periodista