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VIVIR EN PAZ EN CHILE

La semana que pasó, nos ha dejado con una mezcla de sentimientos y emociones encontradas. Por un lado, la convención constitucional, terminó su etapa de deliberaciones, y ya produjo un texto en borrador de la nueva constitución. Un texto que deberá ser depurado y armonizado, pero en su obra gruesa, la tarea constituyente está concluida. Y enhorabuena se ha cumplido con el cronograma planificado. Es una gran noticia, una noticia buena. Más allá del contenido de detalle, que puede gustar o no, para eso está el plebiscito, donde optaremos por el apruebo o por el rechazo. Es una etapa importante que concluye, dentro de un proceso ejemplar que nos hemos dado en Chile, para tratar y procesar nuestras diferencias, y para redactar un nuevo contrato social. No ahondaré en el detalle de los 499 artículos del borrador, porque se trata de un borrador. Requerirá eliminar redundancias, o repeticiones. Con toda seguridad, se aplicará técnica legislativa, y varios de los 499 artículos, serán subsumidos, quedando para el plebiscito del 4 de septiembre un texto más compacto. Sólo adelantaré, que me parece muy positivo, que no forme parte del texto constitucional, la norma que pretendía equiparar a toda clase de grupos de interés, con los partidos políticos. Mal que mal, los partidos políticos cuentan con una regulación conocida, con fiscalización permanente, lo que ha permitido depurar padrones y transparentar su financiamiento. Cualquiera de los convencionales electos por movimientos o agrupaciones de intereses, podrá ahora concurrir a la constitución de nuevos partidos políticos, y competir en las próximas contiendas electorales. La segunda norma, que destaco, no estará en la nueva constitución, es la que permitía a la Cámara de diputados, insistir ante la Cámara de las regiones, cuando alguna disposición haya sido rechazada en esta. Recordemos, que la cámara de las regiones, será el órgano que reemplazará al actual senado de la república. Este será un órgano de representación territorial, por lo que reducir aún más sus atribuciones, agregando la “insistencia” de la cámara, era un despropósito, que conseguía debilitar aún más la posición de las regiones en el futuro congreso.

            En columnas futuras, habrá tiempo para comentar, disposiciones que han provocado polémica, o causan algún grado de inquietud. Por ahora, quedémonos con lo bueno, que es el cumplimiento del cronograma de trabajo de la convención. Y que nos acercamos al plebiscito donde tomaremos la decisión institucional, participativa y democrática, más importante de este siglo.    Al inicio, decía las sensaciones encontradas con las que concluyó la semana, y con eso me refiero, al fallecimiento de la joven periodista Francisca Sandoval, de Señal 3, medio independiente de la población La Victoria. Después de permanecer once días internada de gravedad, fallece esta semana, víctima de un disparo, mientras cubría manifestaciones, que desencadenaron hechos de violencia en el Barrio Meiggs de Santiago. Este hecho tan trágico y lamentable, no hace sino poner de manifiesto, el flagelo que corroe a nuestra sociedad. Es que no es suficiente, y no basta, con las condenas genéricas a la violencia. Esta no es una tarea más del gobierno, al cual sus opositores (anteayer gobierno), se apresuran hoy a culpar porque los homicidios con armas de fuego, los asaltos, el incendio de maquinaria y camiones, continúa ocurriendo, como si no hubiera existido un cambio de gobierno. He aquí la primera verdad, que ojalá los políticos de acá y de allá, no se tarden en reconocer. El daño que causa la violencia afecta el ser más profundo de Chile, hiere a moros y cristianos, a ricos y pobres, no distingue edades. Y aquí les dejo la imagen de la parvularia del jardín de niños de La Victoria, cantando con los niños una canción, mientras estos se acuestan en el suelo, para no recibir una bala perdida.  No es momento ahora, de filosofar, ni de darse gustitos personales o de grupo. La bala que mató a Francisca te pudo tocar a ti, o a tu hija, a tu madre o padre. Quienes realizan estos actos, atentan contra la sociedad toda, y, por tanto, el estado, tiene la obligación de responder con las herramientas que sus ciudadanos le han entregado. Esto, amigos y amigas, pasa todas las semanas en la macro zona sur. Se incendian casas, predios forestales, camiones y maquinarias. Se dispara a conductores, a trabajadores forestales. No basta ya con las patrullas de carabineros, ni siquiera con la vigilancia dispuesta por resolución judicial. Nada ha servido para que esos hechos terminen. Tampoco se trata de delincuencia común, existe al menos, un grupo que reivindica acciones armadas, escudándose en la causa Mapuche, aunque los objetivos atacados han afectado incluso a personas, de ese origen étnico. Y ¿Cómo ponerle coto a esto? La respuesta tiene nombre y apellido. Es inconcebible, e insultante, que en el congreso no prospere la legislación que pretendía crear un estado de excepción constitucional “intermedio”, para poder resguardar vías y áreas estratégicas con personas de las fuerzas armadas. Con la mejor de las intenciones, la actual administración ha buscado darle en el gusto a quienes se oponen a decretar el estado de excepción constitucional de emergencia, creando un estado distinto. Pero el trasfondo es el mismo, la necesidad de aportar los medios necesarios, para resguardar las rutas, y las áreas que permitan el normal desarrollo de sus actividades, a la población. Algo con lo cual cualquier hijo de vecino estaría de acuerdo, si el amenazado su hogar, su familia o su lugar de trabajo, hoy no cuenta con el respaldo parlamentario suficiente. El gobierno ha contado sólo con el sector del denominado “socialismo democrático”, restándose hasta ahora del apoyo, parlamentarios del PC y del FA. El prurito que tiene este sector con el orden y la seguridad pública, es abismante. Mientras no tardan en respaldar regímenes donde se sojuzga sin piedad a su propio pueblo, en Chile, se sonrojan ante la sola mención de las fuerzas armadas. Es una deslealtad mayúscula con el gobierno del Presidente Boric, y es dar la espalda a la ciudadanía que les brindó apoyo electoral.

Al crimen organizado, al lumpen o a las bandas armadas, se los debe combatir frontalmente, con inteligencia, con estrategia y con gestión. Tengo la certeza, que al presidente no le tiembla la mano, en esta materia, conocido es su decidido rechazo a toda forma de violencia, con mayor razón aún, aquella artera y criminal que se despliega en nuestras calles, o en los campos y rutas del sur de Chile. Serán los chilenos y chilenas, de todo el país, quienes deberán exigir a sus parlamentarios, que cumplan con su deber. Mientras tanto, el presidente puede disponer con toda legitimidad el estado de excepción constitucional de emergencia, para el que contará sin lugar a dudas con el apoyo parlamentario suficiente.

Ernesto Sepúlveda Tornero