Para los amantes de la historia el mes de marzo, se recuerda entre otras cosas por “Los
Idus de marzo”. Muy pocos saben de donde proviene la expresión. Pero vamos por parte, según
consigna la Enciclopedia Británica, el calendario romano dividía los meses del año según el ciclo
lunar en tres grupos de días. Las Calendas, con la luna nueva correspondía al día primero o
comienzo de cada mes. Las Nonas, que corresponde a la fase lunar de cuarto creciente y
menguante, dependiendo de la duración del mes, las Nonas caían el quinto o séptimo día. Los Idus
coincidían con la salida de la luna llena a mediados de mes, de hecho, la expresión proviene de la
voz latina “Iduare” que significa dividir. La luna llena dividía el mes en dos partes, por lo que los
Idus correspondía a los días 13 o 15, dependiendo de la duración del mes. Así los Idus caían el 13
de cada mes, excepto en marzo, mayo, julio y octubre, donde eran el día 15.
En el calendario romano antiguo, el año nuevo comenzaba en marzo, los Idus señalaban la
primera luna llena del año, por lo que era de gran importancia. Esta importancia era mayor aun,
considerando que los romanos tenían por deidad principal a Júpiter, dios del cielo y cuando ocurría
la luna llena (en los Idus) le honraban con fiestas y sacrificios.
Quizás algunos sepan que, en los Idus de marzo, es decir el 15 de marzo, pero hace 21
siglos, el año 44 A.C, fue asesinado Cayo Julio César. Este hecho de la historia ha llegado hasta
nuestros días, inmortalizado por el relato que de él hacen cronistas como Suetonio en su obra “vida
de los Césares”, pero también la literatura, y la obra “Julio César” de William Shakespeare. El
asesinato de César se produce por el temor de un grupo de senadores de que César, que había
sido nombrado por el mismo senado como dictador vitalicio, se transformara en rey. César, tras sus
campañas victoriosas en las Galias y en Egipto, gozaba de gran popularidad en la plebe romana y
era reverenciado por las legiones. Al momento del ataque se encontraba en medio de una serie de
reformas políticas y sociales. Se dice que César fue advertido de que atentarían contra su vida,
incluso Shakespeare incluye en su obra un personaje que representa a un adivino, el cual le habría
dicho a Julio César “Cuídate de los Idus de marzo”. Lo que, en el libreto de la obra, provoca el
rechazo y la burla de César. Es descrito allí como excesivamente seguro de sí mismo, arrogante
incluso. Lo cierto es que concurriendo César al teatro de Pompeyo donde sesionaría el senado. En
la obra de teatro, César divisa entre la multitud al adivino, y César le dice que llegaron los Idus y no
pasó nada. A lo que el adivino responde “Los Idus aún no terminan”. Finamente, César hace
ingreso a teatro pompeyano, donde fue atacado por unos sesenta conspiradores quienes lo
apuñalan sucesivas veces, en el mismo recinto. Fungieron como organizadores del complot los
senadores Marco Junio Bruto y Cayo Casio Longino. Los cronistas indican que le propinaron 23
puñaladas, de las cuales sólo una sería mortal. Célebre es la frase atribuida a César, cuando ve
que el último de los conspiradores que le apuñala es Bruto, a quien considera un querido y cercano
amigo. ¿Tú también Bruto?, pregunta antes de desplomarse sobre el piso de mármol.
El propósito de los senadores conspiradores pertenecientes a aristocráticas familias
patricias, era salvar la República romana de un supuesto intento de César de buscar su coronación
como rey. Sin embargo, su muerte no produjo tal efecto. Por el contrario, desencadenó una guerra
civil que llevó al poder a su sobrino nieto e hijo adoptivo Octaviano. Paradojalmente, Octaviano se
convirtió en el primer emperador romano, tomando el nombre de Augusto César, en el año 27 A.C,
en honor a su ilustre pariente. El flamante y poderoso emperador vengó el asesinato de Julio César
aniquilando a los conspiradores. Asimismo, en los Idus de Marzo honró su memoria, con el
sacrificio de 300 prisioneros en un altar erigido a César.
La historia tiene la maravilla de traer al presente lo que ocurrió hace más de dos mil años,
para mostrarnos la grandeza, el auge y la caída de los grandes imperios, también las historias de
lucha y organización de los pueblos que lograron su liberación. Pero muchos siglos después,
vivimos hoy tiempos de incertidumbre, pero también de esperanza. Tiempos de incertidumbre
porque hombres pequeños de grandes egos controlan, en apariencia, el destino de la humanidad.
Arriesgan al mundo con sus aventuras bélicas y la espiral de violencia que se toma grandes áreas
del planeta. Pero también vivimos tiempos de esperanza, porque surgen numerosas voces
denunciando la crueldad y la maldad de la guerra. Figuras como el Santo Padre el Papa León XIV,
líder de la iglesia católica, el secretario general de ONU Antonio Gutérrez, los ex presidentes de los
Estados Unidos, Barack Obama y Joe Biden quienes claman por la paz, y la búsqueda de
soluciones a través del diálogo. También constituye una señal de esperanza, el que se recurra a
los organismos internacionales creados para juzgar y sancionar los crímenes más atroces que
pueden cometer los gobiernos. Así lo han hecho los jefes de estado de Sudáfrica, Bélgica, Países
bajos, Islandia, Brasil, Chile, México, y otros veinte países que han patrocinado una demanda ante
la Corte Internacional de Justicia de La haya por crímenes de lesa humanidad cometidos por el
estado de Israel en Gaza y por los ataques del grupo Hamás de octubre de 2023 contra población
civil de Israel.
Un aspirante a emperador un aprendiz de autócrata, presa de una sed de poder y codicia
sin límites, en el norte del continente, juega con las vidas de los soldados de uno de los ejércitos
más poderosos del mundo. En los Idus de marzo del año 2026 su suerte parece estar echada, sus
detractores se multiplican, su guerra se prolonga indefinidamente, y el mundo entero y su
economía penden de un hilo que él tironea con torpes manos. Varios ya le dijeron “Cuídate de los
idus de marzo”, pero él, igual que antes, no escucha.
Ernesto Sepúlveda Tornero

