Durante las últimas semanas, el Estrecho de Magallanes ha vuelto a ocupar un lugar
relevante en la discusión nacional. No es un tema menor. Hablamos de un paso bioceánico
estratégico, cuya soberanía chilena se encuentra establecida por el Tratado de Límites de
1881 y reafirmada por el Tratado de Paz y Amistad de 1984.
No entraremos en la timorata posición del gobierno del presidente Kast en política
exterior reflejada en la posición arancelaria impuesta por Estados Unidos, el retiro
del apoyo a la presidenta Bachelet en su postulación a la Secretaría General de
Naciones Unidas, la reciente adhesión al “Escudo de las Américas” o las
insultantes declaraciones del presidente Millei en suelo chileno; sino que viendo en
esta contingencia una oportunidad para retomar el trabajo iniciado en el gobierno
del presidente Boric en darle un reimpulso al sistema portuario en la región de
Magallanes y Antártica chilena.
La soberanía no se proclama solamente: se ejerce. Y en Magallanes ejercer soberanía
significa presencia permanente del Estado, infraestructura estratégica, conectividad,
actividad económica, ciencia, capacidad portuaria y desarrollo de nuestros territorios.
Más allá de las diferencias que tenemos con la política exterior del actual Gobierno, la
discusión de estas semanas abre una oportunidad para abordar aquello que debiera
convocarnos transversalmente: cómo Chile fortalece de manera permanente su presencia
estratégica en el Estrecho y proyecta a Magallanes hacia las próximas décadas.
A más de un siglo de la apertura del Canal de Panamá, los cambios en el comercio
internacional, las dificultades que ha experimentado esa ruta producto de la sequía y los
efectos de la crisis climática vuelven a poner atención sobre la resiliencia de las rutas
marítimas globales. En este escenario, el Estrecho de Magallanes conserva y refuerza su
enorme valor geopolítico, territorial y logístico.
Para nuestra región aquello representa una oportunidad, pero aprovecharla exige
infraestructura capaz de responder a las demandas de transferencia de carga, servicios
marítimos, actividad científica y logística antártica. No basta con tener una posición
geográfica privilegiada si no desarrollamos las capacidades necesarias para convertirla en
desarrollo regional.
Durante el gobierno del Presidente Gabriel Boric se dieron pasos decisivos en esa
dirección. En marzo de 2026 quedó formalmente autorizada la Empresa Portuaria Austral
para contratar financiamiento por hasta US$57,8 millones con el Banco Interamericano de
Desarrollo y el Fondo Verde para el Clima, con garantía del Estado, destinado al desarrollo
de infraestructura portuaria en el Terminal José de los Santos Mardones. Esta autorización
se encuentra vigente hasta el 31 de diciembre de 2026.
A ello se suma un financiamiento por US$14 millones con BID Invest, cuyo acuerdo fue
suscrito en marzo para apoyar inversiones en los terminales de la Empresa Portuaria
Austral.
No hablamos, por tanto, de una idea preliminar. Existe un proyecto concreto, con
estudios, autorizaciones y procesos administrativos avanzados, que busca aumentar las
capacidades portuarias de Magallanes y permitir que nuestra región capture una mayor
parte de la actividad logística que transita por su territorio.
El desafío del actual Gobierno es darle continuidad y materializar los pasos todavía
pendientes. Las políticas de Estado se demuestran precisamente en estos momentos:
cuando una administración es capaz de recoger proyectos estratégicos iniciados
anteriormente y hacerlos avanzar.
Si como país afirmamos la importancia estratégica y la soberanía chilena sobre el
Estrecho, debemos respaldar esas afirmaciones con decisiones concretas de inversión. La
ampliación del Muelle Mardones es una de ellas.
Pero nuestra mirada debe ir más lejos.
Esta inversión debe formar parte de una visión integrada del sector norte de Punta Arenas
que se presentó durante el gobierno del presidente Boric, específicamente en la Punta
Arenosa que da nombre a nuestra capital regional, donde convergen infraestructura
portuaria como la iniciada por la Armada, las capacidades propias de la Armada y ASMAR,
actividad logística, proyección antártica y desarrollo del borde costero.
Esta mirada encuentra además un antecedente concreto en la Política Nacional Continua
de Construcción Naval, firmada por el Presidente Boric en enero de 2025 y concebida
como una política de Estado de largo plazo. Su propósito no se limita a renovar las
capacidades de la Armada: también busca fortalecer la industria naval chilena, desarrollar
conocimiento e innovación, generar empleo especializado y aumentar las capacidades
estratégicas del país.
A ello se suma el Centro Antártico Internacional proyectado en Punta Arenosa, iniciativa
de larga trayectoria regional que busca consolidar a Punta Arenas como plataforma
científica, logística y de vinculación internacional con la Antártica.
Podemos visualizar entonces algo mucho mayor: un sector de nuestra ciudad donde
convivan infraestructura portuaria, capacidades navales e industriales, ciencia antártica,
logística, turismo, espacio público y desarrollo urbano.
Eso también es soberanía.
Las grandes obras estratégicas de una región no pueden depender exclusivamente del
ciclo político de cuatro años. Una obra de esta magnitud no pertenece al gobierno que la
anuncia, al que consigue su financiamiento, al que pone la primera piedra ni
necesariamente al que finalmente la inaugura. Pertenece al país.
El gobierno del Presidente Boric impulsó y dejó encaminados varios de estos procesos.
Corresponde ahora que el gobierno del Presidente Kast les dé continuidad, avance en su
materialización y construya también sobre lo ya realizado. Probablemente será otro
gobierno el que tenga la responsabilidad de terminar algunas de estas obras.
Eso no es una debilidad. Es precisamente lo que distingue una política de gobierno de una
verdadera política de Estado.
Magallanes necesita pensar su desarrollo para las próximas décadas. Y Chile debe
comprender que su presencia en el Estrecho no se sostiene únicamente mediante
declaraciones.
Defender el Estrecho significa invertir en él, habitarlo, conectarlo, desarrollar ciencia,
fortalecer nuestras capacidades navales y portuarias y construir infraestructura
estratégica para las próximas generaciones.
Así se ejerce soberanía. Así se desarrolla Magallanes.
Y así se defiende el Estrecho: con políticas de Estado.
José Ruiz Pivcevic
Ex Delegado Presidencial Regional de Magallanes y de la Antártica chilena
Marco Uribe Saldivia
Presidente Regional del Frente Amplio de Magallanes y de la Antártica chilena

