En política como en la vida, las coincidencias no existen. Esta semana en vísperas de un nuevo 5 de octubre,
y cuando el alma de Chile necesita con urgencia un respiro, una bocanada de aire fresco, ocurrió uno de esos
momentos de regocijo, que se han vuelto tan escasos. Una instancia de encuentro del progresismo por el retorno de
la presidenta Michelle Bachelet a Chile, tras su campaña a la secretaría general de la ONU. En la comuna de La
Pintana y recibidos por la alcaldesa Claudia Pizarro, se congregaron connotadas figuras de los partidos de la
oposición, y cientos de vecinos de la comuna, que querían obtener una foto con la presidenta. En la instancia se
destacó aspectos de la vida de Michelle Bachelet, que la sitúan por lejos como la política más querida y respetada del
país.
Michelle Bachelet encarna lo mejor de la tradición política chilena. Dada su experiencia de vida, podría haber
ejercido un liderazgo político desde el rencor o el resentimiento. Nadie la hubiera culpado. Pero ella optó por ejercer
su liderazgo desde el entendimiento con los otros, desde una ética de responsabilidad con los que más sufren, con
los más humildes y desfavorecidos. No por nada, ella puede caminar por las calles de cualquier pueblo de Chile, y por
todas partes sólo recibe muestras de cariño. Los jóvenes que pudieron estudiar en la universidad gracias a la
gratuidad, y que hoy ya son profesionales. Y por qué no decirlo, las decenas de miles de niños y niñas que recibieron
un notebook, un elemento imprescindible en la mochila escolar. Esta peculiar forma de ser, que la diferencia
ostensiblemente de los presidentes que la precedieron, es la que le da también a la oposición una bocanada de aire
fresco. Es como si este fuera un coro, y por más ensayos, no encuentran el tono adecuado. Michelle Bachelet les da
el tono correcto. Una oposición firme en sus principios, pero con disposición al dialogo. Una mirada que comprende
y acoge las múltiples necesidades no satisfechas de la población más vulnerable, pero a la vez, exige un mayor
compromiso de seriedad, responsabilidad y unidad del sector.
El veto de la ultra derecha a su candidatura a la secretaría general, no obstante, representar una inaudita
falta de respeto a su persona, Michelle Bachelet no guarda rencor, y se siente orgullosa por haber encarnado una
candidatura fundada en principios como el multilateralismo, la paz, y la colaboración, como bases del
fortalecimiento de la ONU. En sus propias palabras, si su candidatura fue vetada por eso, se siente orgullosa de
haber dado la batalla. Fiel a su estilo, medio en serio y medio en broma dijo “Para los que pensaban que me iba a ir
para la casa, les tengo malas noticias, voy a seguir aquí, colaborando y aportando como lo he hecho siempre”.
El encuentro del progresismo con la presidenta Bachelet, fue el 30 de septiembre. En vísperas de un nuevo
aniversario del 5 de octubre. Mientras Michelle Bachelet combatía junto a millones de compatriotas para derrotar al
tirano, los conspicuos representantes de la ultra derecha hoy en La Moneda, defendían y apoyaban la continuidad
del régimen nada menos que hasta 1996. Ocho años más de la tiranía más sangrienta, terrorista y corrupta del cono
sur.
Para 1988 completábamos 15 años de dictadura civil militar. Un régimen sostenido por la fuerza de las
armas, fue presionado por el gobierno de los Estados Unidos, para acordar una salida pacífica del régimen. Se llegó a
1988 tras un proceso de acumulación de fuerzas, de aprendizajes, de reconstrucción de las fuerzas democráticas, en
el que los jóvenes, el movimiento estudiantil, los trabajadores y los pobladores plantaron cara al régimen. Los
yanquis temían que las cada vez más masivas protestas en contra del régimen terminaran en el derrocamiento del
dictador. Las movilizaciones sociales, se habían sucedido ininterrumpidamente en todo el país desde 1983. El clima
de ingobernabilidad se tomaba universidades y poblaciones, y la presión se hacía sentir en los organismos
internacionales, así también a través de personalidades de la política mundial como Nelson Mandela, Lula Da Silva,
Françoise Mitterrand, Felipe González, y toda clase de artistas del cine.
Con la televisión controlada íntegramente por partidarios de la dictadura, jugaron un rol fundamental, los
diarios y revistas “de oposición”: Fortín Mapocho, APSI, ANALISIS, HOY, CAUCE, LA EPOCA, PLUMA Y PINCEL, LA
BICICLETA. Y medios de la Iglesia Católica como SOLIDARIDAD que publicaba la Vicaría de la Solidaridad, y la Revista
MENSAJE de los Jesuitas. Medios que fueron censurados gracias a diligentes abogados de ultraderecha. Sus
periodistas fueron muchas veces encarcelados y perseguidos, e incluso asesinados como el recordado José Carrasco.
En cosas que parecen increíbles, hoy puede verse ediciones, con sus páginas tachadas en negro y con una inscripción
citando la disposición legal que ordenaba la prohibición.
Cuando el presidente Lagos dijo en la franja del NO en televisión, que íbamos a derrotar a la dictadura, “con
un lápiz y un papel”, era algo difícil de creer. La confrontación estaba desatada, las protestas no terminaban, y
tampoco las muertes, torturas y desapariciones. Es cosa de ver los medios oficiales de ese tiempo, el presidente
Lagos era llamado “el marxista Lagos”, y se le trataba de denostar de las formas más arteras. Pero no llegamos a las
urnas por arte de magia, no fue dádiva, ni concesión graciosa del tirano y su camarilla de políticos de la ultra derecha
chilena. Fue el pueblo que se lanzó a las calles a protestar contra el régimen. Sin importar las detenciones ilegales, la
tortura, las golpizas, los asesinatos políticos y las desapariciones. Con un coraje que es digno de todo mérito, se llegó
incluso a gritarle asesino en su propia cara al dictador. Fueron cientos de jornadas de protestas desde el “Punta
Arenazo” de 1983, las” marchas del hambre”, las ollas comunes, las manifestaciones multitudinarias en las
universidades de todo el país, los paros organizados por la CUT y la Confederación de Trabajadores del Cobre.
Recomiendo vean la película el “NO” de Pablo Larraín, con Gael García y Alfredo Castro como protagonistas.
Magistral pieza que sintetiza lo que sucedió en Chile durante los 27 días de campaña del plebiscito de 1988. Fueron
quince minutos diarios de franja televisiva que permitió abrir muchos ojos y liberar muchas mentes. Se vio por
primera vez en TV a integrantes de la Agrupación de familiares de detenidos desaparecidos, bailando la “cueca sola”,
en honor a esposos, hijos y hermanos víctimas de desaparición forzada. Allí vimos a Carlos Caszely grande y querido
ídolo del futbol chileno, jugador de La Roja y del equipo popular, “Colo-Colo”, salir junto a su madre víctima de
detención. El presentador de la franja fue el famoso y recordado rostro de TV, el periodista Patricio Bañados. El
mismo que fue despedido y marginado de la TV, por haberse negado a leer una nota de prensa, diciendo al aire “Esto
no lo puedo leer porque es mentira”.
Está documentado que el tirano Pinochet, pretendió hasta último minuto, desconocer los resultados, y dar
un auto golpe. Lo supimos esa misma noche, cuando el resultado se retardaba, y en Televisión rellenaban con “El
coyote y el correcaminos”, horas y horas de dibujos animados. En el ínterin el por ese entonces integrante de la
junta militar fascista, Fernando Mathei ya fallecido, al concurrir en horas de la noche a reunión de gabinete en La
Moneda, reconoció ante la prensa que el No ganó el plebiscito. Este hecho produjo mayor desconcierto y animó
toda clase de conjeturas, ya que la TV seguía en su maratón de dibujos animados y no existía información oficial.
Para mayor inquietud, las fuerzas de Carabineros que en las principales ciudades estaban custodiando edificios y
lugares públicos recibieron la orden de retirarse a sus cuarteles. Animando las versiones de un posible autogolpe.
Finalmente, de madrugada el subsecretario del interior, Alberto Cardemil entregó el resultado que dio el triunfo al
NO.
Ese fue el día en que la oposición unida derrotó al dictador, en su propio plebiscito. “Corrió solo y llegó
segundo”, tituló el “Fortín Mapocho” del día siguiente. Para la historia, la biblioteca del congreso nacional, lo
recuerda así: “De un universo electoral total de 7.236.241 votos escrutados, válidamente emitidos, el Sí obtuvo
3.111.875 sufragios, equivalentes al 43% de los votos, en tanto la opción No, obtuvo 3.959.495 votos, equivalentes al
54,70% de los votos válidamente emitidos.” (BCN, 2026)
El regreso a Chile de la presidenta Michelle Bachelet el mayor referente del progresismo chileno, marca el
inicio de un nuevo ciclo para la oposición democrática. La sociedad necesita con urgencia recobrar la esperanza y la
confianza, Bachelet encarna una cultura de dialogo y colaboración, fundada en principios y convicciones, que
permitirá equilibrar en la opinión pública, el poder del ejecutivo y sus medios de comunicación afines. El recuerdo de
la gesta histórica del triunfo en el plebiscito del 5 de octubre de 1988, refuerza el camino de unidad que debe seguir
el progresismo chileno.
Ernesto Sepúlveda Tornero

