Esta semana conmemoramos en todo Chile, un nuevo 11 de septiembre. Actos de homenaje,
velatones, ofrendas de flores, se multiplicaron en monumentos, memoriales, cementerios y sitios de
memoria de Arica a Magallanes. La decisión del ejecutivo de no realizar acto alguno en el Palacio de La
Moneda, rompe con una tradición democrática y republicana que todos los presidentes y presidenta
respetaron sagradamente desde 1990. Como ha sucedido en otras latitudes, el advenimiento de gobiernos
de corrientes políticas de ultra derecha, inicia una verdadera batalla, un impulso de revisionismo histórico
para reinterpretar con un enfoque reaccionario los hechos ya asentados en la memoria nacional.
Que un sector que se denomina “republicano”, rompa con tradiciones republicanas constituye una
paradoja. Pero se ve una línea política de coherencia, si unimos esta decisión, que puede parecer menor, al
proyecto de reforma constitucional, que busca dotar de facultades omnímodas al presidente de la república.
Algo que no sólo los constitucionalistas, sino también centros de estudio e intelectuales de la derecha
liberal, han rechazado por su notorio sello autoritario. Un nuevo estado de excepción constitucional, de
emergencia, equivalente al estado de asamblea por causa de guerra, o al estado de sitio, que permitiría al
presidente sin consulta al parlamento, suspender el derecho de reunión, exiliar personas, intervenir
teléfonos, mensajería de WhatsApp, Telegram y otras plataformas, redes sociales, correos electrónicos, sin
orden judicial. Todo esto bajo la excusa de la persecución de grupos terroristas o de crimen organizado. La
atribución de esta calidad a personas u organizaciones, dependería exclusivamente de la decisión
presidencial, lo que abriría un amplio campo para incluir a organizaciones sociales, gremiales, sindicatos,
ONGs, sólo por sus posturas contrarias al gobierno. A juicio de los expertos sería una nueva versión del
artículo 8° de la Constitución política de 1980 del original salido de la pluma de Jaime Guzmán y con la firma
del dictador Pinochet.
A juicio de los expertos y políticos de oposición y centro derecha, no corresponde a herramientas de
persecución criminal, sino más bien, son facultades que rompen el equilibrio entre los poderes del Estado y
constituyen un verdadero riesgo para la democracia.
En retrospectiva si vemos lo que fue la campaña presidencial de 2025, no se encuentra allí
antecedente alguno de una arremetida en contra de las garantías constitucionales. Menos, la intención de
auto otorgarse facultades omnímodas para el control de la sociedad, sin control democrático.
En este escenario desafiante, es fundamental el rol de los centros de estudio, los intelectuales y los
expertos, para dotar de una batería argumental a quienes ejercen roles políticos tanto en el gobierno como
en la oposición. La democracia no se puede dar por sentada, el riesgo de derivas autoritarias de los
gobernantes, no es ajeno a nuestro país. La reacción enérgica de estudiosos y también de políticos del
progresismo y de la derecha liberal, ha ralentizado la ofensiva constitucional del ejecutivo.
Una mayoría parlamentaria obtenida con transacciones de diverso tipo, con el PDG y parlamentarios
independientes, brinda al gobierno, un buen “juego de piernas”, avanzando casi sin necesidad de discusión.
Frente a esta realidad la oposición ha pasado a la ofensiva, y este fin de semana se ha desplegado en
encuentros por todo Chile. Volviendo a lo que ha sido el fuerte del progresismo, el sector logró convocar a
una variopinta concurrencia de personas de organizaciones sociales, dirigentes vecinales, y una
sorprendente y masiva presencia de jóvenes. Lo que abre expectativas del surgimiento de referentes de
oposición en cada rincón del país. En un giro imprescindible para la buena calidad de nuestra democracia, la
oposición se desprende de los atuendos del luto electoral, que se prolongó más de la cuenta. El surgimiento
de nuevas temáticas levantadas por la juventud y sectores independientes, enriquecen las propuestas
programáticas del progresismo, y permiten incorporar al debate público las miradas que han estado
ausentes en particular en estos seis meses del gobierno conservador.
La sabia nueva y las nuevas temáticas le dan oxígeno al amplio mundo de la centro izquierda, hoy
desgranado en múltiples expresiones políticas. La oposición es hoy un archipiélago de pequeños islotes, y
tres grandes islas, el PS, el PC y el FA. En estos últimos cinco años se ha visto una baja ostensible del apoyo
electoral del PDC, el partido de centro por antonomasia, que junto al PS constituyeron el eje de la alianza
más exitosa de la historia republicana. Hoy enfrentando una realidad más diversa, este eje estructurante
parece haberse desplazado, y de su consolidación dependerá sus expectativas electorales futuras.
La respuesta de la ciudadanía a la convocatoria de la oposición de este fin de semana, arroja una
percepción coincidente con las mediciones efectuadas en los últimos estudios de opinión. En la población
cunde la desesperanza, el desánimo, y es creciente el descontento. Es responsabilidad del progresismo
sintetizar las múltiples reivindicaciones sociales en un programa viable, que permita mejorar las condiciones
materiales de vida, de las vastas masas de trabajadores y trabajadoras, que en estos seis meses han visto el
deterioro progresivo de sus ingresos, el alza del costo de la vida y la inestabilidad laboral.
Hoy más que nunca, se requiere de un trabajo serio y sistemático del progresismo, para informar a la
población las propuestas concretas para resolver los problemas que hoy le aquejan. En este caso, no sólo la
defensa de la institucionalidad democrática, ante el intento de reforma constitucional, sino también medidas
económicas que permitan revertir las negativas consecuencias de las decisiones de ortodoxia neoliberal.
La tarea que tiene por delante la oposición es en varios planos, porque la lucha por la memoria y por
la verdad histórica, está estrechamente imbricada en el proyecto político del progresismo. La construcción
de la unidad del centro y la izquierda chilena, la oposición unida, es imprescindible para construir el dique o
barrera sanitaria que impida el avance del autoritarismo. Esto porque las ideas de libertad, igualdad, y
solidaridad, varios siglos después son severamente cuestionadas hoy por el proyecto de restauración
conservadora. Eso es lo que está en juego en esta confrontación de ideas y proyectos político. El asalto a la
constitución y al TC, es una pequeña muestra, de los excesos a los que se puede llegar bajo el pretexto de
una mayoría electoral. De eso se está hablando, cuando se habla de regímenes iliberales. Gobiernos electos
democráticamente, que una vez en el poder, desmontan o neutralizan los controles que garantizan el
equilibrio entre los poderes.
No es un debate solo de académicos, cuando las decisiones de un jerarca omnímodo, pueden afectar
la libertad personal, o pueden entrometerse en aspectos tan privados como las comunicaciones personales
de cualquier vecino o vecina de algún barrio del país.
Está en juego mucho más que si se conmemora o no se conmemora el golpe de Estado que puso
término a la democracia más antigua de Latinoamérica. Está en juego la forma en que nos relacionamos en
nuestra sociedad, y la forma en que concebimos a nuestro país.
Ernesto Sepúlveda Tornero

