INDAP reconoce al campesinado de Magallanes

En un acto realizado en El Arriero, que convocó a dirigentes, campesinos de toda la región y autoridades, INDAP Magallanes reconoció el trabajo de cuatro productores que representan otros tantos rincones del territorio, Puerto Williams, Puerto Natales, Porvenir y Punta Arenas. Fue, según se escuchó una y otra vez durante la jornada, un homenaje a la constancia, esa virtud silenciosa que en Magallanes se mide en años de viento, de invernaderos levantados a pulso y de semillas guardadas de una temporada a la siguiente.

La dirigenta del Consejo Asesor Regional Campesino, Sandra Nain, abrió las palabras con un recuerdo. «El de nuestros campesinos mayores, esos hombres y mujeres que llegaron a esta tierra austral a domar el viento y el frío con las manos, y que nos dejaron mucho más que un oficio. Nos dejaron un legado. Nos enseñaron a leer la tierra, a esperar sus tiempos, a guardar la semilla del año anterior como quien guarda una promesa», dijo. Y agregó que guardar semillas no es solo un gesto agrícola, sino un acto de memoria, porque cada semilla conservada lleva consigo el trabajo, la paciencia y la sabiduría de quienes vinieron antes.

El Seremi de Agricultura, Ignacio Cavada, valoró el esfuerzo campesino. «Lo que estamos reconociendo hoy no es solamente un premio, es una forma de vida que sostiene a nuestra región. Detrás de cada invernadero hay familias que no descansan cuando el viento arrecia, y que con su trabajo silencioso garantizan que en Magallanes tengamos alimento sano y propio», señaló.

El director regional (s) de INDAP, Petar Bradasic, puso los avances en contexto. «No son mérito de una sola institución, son fruto del trabajo conjunto del Ministerio de Agricultura, INDAP, el Gobierno Regional y los consejeros regionales que han entendido que la agricultura es un asunto estratégico para nuestra sociedad. Ellos producen los alimentos sanos que necesitamos, y como región tenemos el desafío de seguir creciendo para sostener nuestra propia alimentación», indicó.

Después de los discursos vinieron los nombres. Y detrás de cada nombre, una historia.

Puerto Williams — Delfo Urbano Muñoz Muñoz

Delfo Urbano Muñoz Muñoz es originario de Quemchi, en la Isla Grande de Chiloé. Hace 35 años llegó a Puerto Williams y al principio se dedicó a la pesca, como tantos que llegan al fin del mundo buscando el mar antes de encontrar la tierra. Hoy es un agricultor fortalecido, dedicado a la producción de hortalizas en invernadero y al aire libre, en el sector de Punta Rosales, a diez kilómetros de la ciudad.

Lleva 13 años como usuario de INDAP y es parte del Prodesal Cabo de Hornos, donde destaca por el trabajo que realiza junto a su familia para sostener una agricultura ancestral chilota trasplantada al extremo austral. Últimamente está probando frutillas, un producto escaso en la isla y muy apetecido.

Puerto Natales — Nicole Andrea Contreras Barría

Nicole Andrea Contreras Barría tiene 29 años y proviene de una familia siempre ligada al mundo agrícola. El 14 de abril de 2025 se acreditó como pequeña productora ante INDAP. Ya entonces, en un predio arrendado, junto a su pareja y su pequeña hija, sostenía un invernadero pequeño con hortalizas y algunas aves. Desde su ingreso participa en el Prodesal.

Lleva apenas dos años en esto y su nivel va in crescendo. Ama la agricultura desde niña, cuando apoyaba a sus padres, y hoy sostiene un negocio junto a su pareja. Reconoce que a veces es difícil, pero jamás ha pensado en dejarlo. Su llamado, dice, es simple, seguir.

Porvenir — Dulcerina Vidal

Dulcerina Vidal llegó a Tierra del Fuego a los 25 años, la edad en que muchos recién deciden dónde instalarse. Ahí se quedó, en esa isla de viento constante, y no volvió a moverse. Hoy tiene 76 años, aunque nadie lo diría al verla trabajar, con una energía que parece no llevar el peso de esos años encima.

Produce habas, papas, ajos y cebollas al aire libre, y en sus tres invernaderos cultiva lechugas, cilantro y otras hortalizas que vende en las ferias de la Cooperativa de Porvenir. Prepara además su propio compost para nutrir la tierra que trabaja. «Soy orgullosamente campesina, para mí la tierra lo es todo», dice, y no hace falta preguntarle nada más.

Punta Arenas — Fideliza Ojeda Chávez

Hay que subir para llegar donde Fideliza. La parcela Los Gavilanes está en calle Los Pinos, en el sector alto de Punta Arenas, y desde ahí la ciudad se ve entera, los techos, el puerto, y más allá el estrecho de Magallanes tendido como una promesa de agua fría. Fideliza Magnolia Ojeda Chávez vive con esa vista todos los días.

Tiene 78 años. Nació en Maullín y llegó al sur a formar un hogar joven con Nelson, su marido, con quien lleva más de medio siglo sembrando la misma tierra y la misma vida.

Cultiva hortalizas en invernadero, con sistema a tierra y también hidropónico, en Pampa Redonda. Lechuga, cilantro, eso nomás, dice, quitándole peso a lo que en realidad es un oficio entero de más de 25 años.  Cuando le preguntan qué se necesita para ser agricultora, responde sin adornos. Hay que tener mucho amor, mucha vocación, mucha paciencia, y dedicarle todo el tiempo posible. Todas las cosas se tratan con cariño, dice, y uno entiende que no habla solo de lechugas.