{"id":56379,"date":"2025-05-19T08:23:00","date_gmt":"2025-05-19T11:23:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.radiopresidenteibanez.cl\/web\/?p=56379"},"modified":"2025-05-19T12:10:02","modified_gmt":"2025-05-19T15:10:02","slug":"nuestras-maquinarias-de-la-alegria","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.radiopresidenteibanez.cl\/web\/nuestras-maquinarias-de-la-alegria\/","title":{"rendered":"NUESTRAS MAQUINARIAS DE LA ALEGR\u00cdA"},"content":{"rendered":"\n<p>En 1946 se public\u00f3 el libro \u201cEl vino del est\u00edo\u201d, de Ray Bradbury, un conjunto de cuentos<br>ambientados en un pueblito cercano a Illinois en los Estados Unidos. Todo discurre durante el verano de 1928 narrando la vida de Douglas Spalding un ni\u00f1o de doce a\u00f1os, que probablemente encarne los recuerdos del propio Ray en su infancia. Uno de estos cuentos narra la historia de Leo Auffmann, un hombre con fama de inventor, que un d\u00eda decidi\u00f3 fabricar una m\u00e1quina de la felicidad. Su esposa y sus cinco hijos e hijas, no comprend\u00edan la obsesi\u00f3n de Leo, que lo hac\u00eda desparecer durante semanas, en las que casi no com\u00eda. Luego de muchas jornadas de aserruchar madera, cortar y martillar latas, y cubrirlas con pintura de colores, finalmente Leo concluy\u00f3 su obra. Quiso brindarle a su esposa Lena una experiencia hermosa e inolvidable, pero cuando ella prob\u00f3 la m\u00e1quina le dijo: \u201cLeo cometiste un error. Olvidaste que, en alg\u00fan momento, alg\u00fan d\u00eda, uno tendr\u00eda que salir de aqu\u00ed e ir a lavar platos y hacer camas. Cuando est\u00e1s adentro, s\u00ed, la puesta de sol parecer ser eterna, el aire huele bien, la temperatura es agradable\u2026Pero seamos francos, Leo. \u00bfCu\u00e1nto tiempo puedes mirar una puesta de sol? \u00bfQui\u00e9n quiere que una puesta de sol no acabe nunca? \u00bfQui\u00e9n desea una temperatura perfecta? \u00bfQui\u00e9n desea que el aire huela siempre bien? Al cabo de un tiempo \u00bfqui\u00e9n lo notar\u00e1?\u2026 Las puestas de sol son hermosas porque s\u00f3lo ocurren una vez y desaparecen\u201d. Leo Auffmann queda estupefacto por lo que le dice su mujer, poder experimentar que estaba en Par\u00eds, Londres o Roma, no le produjo felicidad, le hizo comprender su realidad, y el contraste le dio tristeza.<br>En 1928 no exist\u00eda ni la televisi\u00f3n, mucho menos internet ni las experiencias streaming. Lo que<br>Bradbury hace decir a sus personajes, no hace sino anticipar, el vac\u00edo, la angustia, la frustraci\u00f3n que la sociedad de consumo engendra en nuestros d\u00edas. Casi al finalizar el cuento, luego de comprobar lo est\u00e9ril que hab\u00eda sido su esfuerzo, Leo ve por la ventana de su casa. \u201cAll\u00ed estaba Saul y Marsall jugando al ajedrez en la mesa del caf\u00e9. En el comedor, Rebeca arreglaba la plater\u00eda. Naom\u00ed cortaba mu\u00f1equitos de papel. Ruth pintaba acuarelas, Joseph hac\u00eda correr su tren el\u00e9ctrico. A trav\u00e9s de la puerta se ve\u00eda a Lena Auffmann que sacaba una fuente de carne asada del horno humeante.\u201d Al ver la escena v\u00edvida de su esposa e hijos, movi\u00e9ndose, hablando, ri\u00e9ndose, haciendo cosas, comprendi\u00f3 en lo m\u00e1s profundo de su coraz\u00f3n, que esa era la verdadera maquinaria de la felicidad.<br>Sin lugar a dudas, hoy estamos inmersos en el tr\u00e1fago de la vida cotidiana, asediados por noticias<br>alarmantes, hechos tr\u00e1gicos cuando no siniestros, que nos llegan 24\/7 a nuestros tel\u00e9fonos<br>port\u00e1tiles. Si la m\u00e1quina de la felicidad era poder ver, o\u00edr y casi sentir que estamos en lugares lejanos o ex\u00f3ticos, ese prop\u00f3sito se logr\u00f3 de sobra. Pero tal como en el verano de 1928, en los recuerdos de un ni\u00f1o de doce a\u00f1os en un pueblito cercano a Illinois, la visi\u00f3n brillante y luminosa de esas im\u00e1genes de artificio, no sacia los deseos del coraz\u00f3n. No hay suficiente pintura de colores o latas brillantes en la m\u00e1quina de Leo Auffmann, como no hay suficientes megap\u00edxeles o resoluci\u00f3n ultra 5k plus, para llenar el vac\u00edo de sentido de la sociedad contempor\u00e1nea.<br>Cien a\u00f1os despu\u00e9s en cualquier pueblo perdido de un pa\u00eds del extremo sur del mundo, seguimos<br>urgidos por nuestros afanes del d\u00eda a d\u00eda, corriendo para no perder el transporte p\u00fablico, o<br>conduciendo como dementes para alcanzar a llegar a la hora al colegio, al trabajo, al happy hour, y<br>hasta para llegar a la iglesia. No nos damos cuenta que nuestra maquinaria de la alegr\u00eda, est\u00e1 all\u00ed al<br>alcance de la mano, o en la habitaci\u00f3n de los hijos, en la mesa del comedor o cocinando juntos.<br>Ojal\u00e1 que al igual que Leo Auffmann escuchemos la voz sensata que nos invita a darnos cuenta, a<br>reaccionar, antes que nos sorprenda corriendo el camino al cementerio.<br>Ernesto Sep\u00falveda Tornero<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En 1946 se public\u00f3 el libro \u201cEl vino del est\u00edo\u201d, de Ray Bradbury, un conjunto de cuentosambientados en un pueblito cercano a Illinois en los Estados Unidos. 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