Nos recortan el presupuesto del gas, nos suben la luz y la crisis la pagas tú

Hay que reconocerle al gobierno de José Antonio Kast, un talento casi artístico para la
magia presupuestaria. Es realmente conmovedor escuchar a las autoridades regionales
explicarnos, con esa paciencia didáctica tan propia de las oficinas de Santiago, que los
magallánicos debemos dormir en paz porque nuestra tarifa residencial del gas está blindada
por un decreto. Según esta lógica celestial, que el Estado le mutile de golpe casi once mil
millones de pesos al subsidio que sostiene el sistema, es un detalle irrelevante, una simple
corrección de sobreestimaciones lograda por la maravillosa ciencia de la eficiencia
gubernamental. El truco es perfecto: nos dicen que el precio en nuestras casas no subirá
porque el costo de este tijeretazo lo pagará ENAP, no nosotros. ¡Fascinante! Ahora, nos
quieren hacer creer que la empresa que nos da identidad es un gigante alienígena con una
billetera infinita.
Y para calmar los ánimos en el Congreso, los magos del presupuesto sacan bajo la manga
su último argumento de defensa: un supuesto fondo de contingencia del cinco por ciento,
equivalente a unos tres mil millones de pesos, diseñado para enfrentar imprevistos
climáticos u operativos de ENAP. Presentar esa cifra como un salvavidas es, además de una
burla, una peligrosa muestra de ignorancia sobre nuestra realidad austral. Quien habita
Magallanes sabe perfectamente que la naturaleza no responde a los promedios lineales de
una oficina climatizada en Santiago. Un solo invierno histórico, una racha de temporales
extremos que congele las líneas de flujo, o una complicación geológica imprevista en la
perforación de pozos, se consume ese mezquino colchón del cinco por ciento en cuestión de
semanas.
Mientras tanto, el gobierno celebra con bombos y platillos en la televisión que trece
regiones del país tendrán una histórica rebaja en la electricidad. Pero, la Región de
Magallanes ha sido castigada con una excepción inaceptable: sufriremos, para empezar, un
alza directa del 2,4% en nuestras boletas de la luz. ¡Esto es un cortocircuito moral
insostenible!
Ante ese aumento de los precios de la luz, el gobierno nos exige mansedumbre apelando a
una tarifa de gas congelada, una por otra diría el seremi de energía, pero sus propias
planillas demuestran que encender la luz en el extremo sur será más caro que en el resto de
Chile. Nos están cobrando el costo de habitar la frontera, castigando la misma conectividad
y el transporte de una zona que sobrevive por pura dignidad.
La puesta en escena se vuelve una comedia de humor negro cuando miramos el
comportamiento real del Ministerio de Hacienda. Con una mano, el gobierno central le

quita a ENAP el setenta por ciento de sus utilidades históricas para gastárselas en el confort
de la Región Metropolitana, y con la otra, le recorta el fondo operativo en Magallanes
exigiéndole que extraiga gas a precio de liquidación en yacimientos cada vez más viejos,
profundos y esquivos, y de paso le dicen al Gobierno Regional sobre su presupuesto:
vengan esos 10 mil millones para adentro.
Creer que este golpe financiero combinado entre el gas y la electricidad no lo paga el
ciudadano común es tener una fe ciega en los milagros económicos del gobierno de Kast.
Cada peso que el Estado le quita a la estatal para cuadrar el balance de un ministerio en
Santiago es un pozo que no se perfora, un puesto de trabajo local que peligra y un freno
absoluto para otros proyectos.
La comunidad entera debe despertar de esta hipnosis presupuestaria y ponerse de pie con
urgencia; porque cuando las autoridades insisten en que desangrar a ENAP es un acto de
alta eficiencia técnica, mientras las tarifas reales de la luz comienzan a subir en nuestra
cara, y los fondos de emergencia son un chiste, lo que en realidad nos están congelando no
es la tarifa, sino el sentido común.

Sergio Reyes Tapia.
Exseremi de Bienes Nacionales de Magallanes y de la Antártica Chilena.