MALA MEMORIA

La demoledora derrota electoral frente a la versión más extrema del sector conservador, tiene sumido por
estos días al progresismo en un incipiente debate acerca de su identidad y del sentido de su propia existencia. La pugna por el liderazgo en el sector se da entre los partidos tradicionales de la centro izquierda, aquellos que protagonizaron los años dorados del crecimiento económico y el progreso social desde la recuperación de la democracia. Y la nueva elite política surgida del gobierno de Boric. Integrantes del otrora movimiento estudiantil, que conquistó el poder en un lapso de sólo diez años. De una multiplicidad de expresiones políticas particulares y de nicho, supo este conjunto muy escogido de jóvenes políticos, forjar un partido político, el FA, que pretende alzarse sobre las cenizas de los partidos tradicionales, como el referente y eje del progresismo.
Esto sucede porque tenemos mala memoria. El largo de período de transición a la democracia, exigió del
liderazgo político una capacidad de gestión, y una habilidad negociadora, que fue a la par del surgimiento de voces intestinas que advertían del riesgo del exitismo. Se les llamó los auto flagelantes y autocomplacientes. La Concertación de partidos por la democracia era tan amplia y gobernó tanto tiempo, que generó una dinámica de discusión y contraposición de ideas para renovarse. En la vereda del frente, siempre tuvo una oposición conservadora durísima, refractaria a los cambios más mínimos a la institucionalidad nacida en dictadura. Los mismos que hoy aplauden al difunto presidente Aylwin, o alaban al presidente Frei Ruiz-Tagle, fueron acérrimos opositores a sus gobiernos, y los denostaron permanentemente. Hoy vemos como una verdadera hazaña el éxito político y electoral de la Concertación, haber podido gobernar continuamente desde 1990 al 2010, con Aylwin, Frei, Lagos y
Bachelet hoy parece imposible. Se pudo hacer y se hizo, un delicado equilibrio entre fuerzas políticas distintas, pero con unos principios y valores democráticos en común. De los 17 partidos y movimientos políticos iniciales, se pasó a los cuatro partidos fundamentales PDC, PR, PS Y PPD, siendo el eje de la Concertación la alianza histórica entre el PS y la DC, fueron los partidos que le dieron estabilidad.
Los primeros triunfos electorales del sector conservador, se dieron tras un período prolongado en que la
concertación no sólo padeció por errores propios y la fatiga de su electorado. También sufrió una seguidilla de renuncias de antiguos dirigentes políticos, para buscar una candidatura presidencial o formar otros partidos políticos, como Alejandro Navarro, Jorge Arrate, Marco Enríquez, Carlos Ominami, Gonzalo Martner, entre otros conspicuos dirigentes que migraron entre 2008 y 2009 desde el Partido Socialista. La partida de Navarro, Arrate y Enríquez se da para competir los tres como candidatos en la elección presidencial de 2009. Todos ellos críticos de que el PS apoyará la candidatura de Eduardo Frei en representación del bloque. En esa elección Frei Ruiz Tagle es derrotado en segunda vuelta por Sebastián Piñera, pese a que en primera vuelta Frei y las tres candidaturas ex PS, sumaban casi el 58% de los votos. Muy recordada es la frase de Marco Enríquez, cuando instado a apoyar en segunda vuelta a Eduardo Frei, declara “Apoyaré al candidato del 29%”, aludiendo a la votación obtenida por Frei. La Concertación en un gesto, hoy incomprensible, para las parlamentarias de 2009 hizo un pacto por la no exclusión,
destinado a facilitar el acceso a escaños parlamentarios, al PC y su alianza Juntos Podemos, que incluía a sectores que precedieron al FA. Producto de ese pacto fueron electos como diputados Guillermo Teillier, Lautaro Carmona y Hugo Gutiérrez.
En ese mismo período, la Concertación enfrentó también una fractura hacia la derecha, en 2008 fue
expulsado de las filas del PDC el difunto senador Adolfo Zaldívar, quien funda el PRI y anuncia candidatura presidencial, la que luego declina, apoyando al candidato Piñera.
La primera derrota electoral de la centro izquierda se da en un escenario de fraccionamiento interno, y
áspera disputa entre militantes y ex militantes del conglomerado, que terminan alineándose con la ácida oposición que desde 1990 hacía el PC. El período presidencial de Piñera estuvo marcado por una seguidilla de denuncias de conflictos de interés tanto del presidente como de algunos de sus ministros, por su participación en diversos sectores económicos. El despertar del movimiento social, encabezado por los estudiantes, opacó los intentos de lograr un gobierno “de excelencia”, en la práctica fracasó el intento de instalar en el gabinete a gerentes y altos ejecutivos del sector privado. Para las elecciones de 2013 la centro izquierda buscó ampliar su base de apoyo y evitar la dispersión, convoca a elecciones primarias para definir una candidatura única. Se va a los Estados Unidos a convencer a la presidenta Bachelet, en ese tiempo liderando la ONU Mujer, para que acepte volver a Chile a competir nuevamente. En otro giro a lo que había sido su política de alianzas, la concertación constituye un nuevo
conglomerado, la Nueva Mayoría, que incluye al PC en la alianza de gobierno. El nuevo pacto parlamentario entrega nuevos cupos al PC. En el distrito Ñuñoa-Providencia la centro izquierda facilita la elección de Giorgio Jackson que compite como independiente, no presentando candidato PS-PPD en la lista del pacto. Hasta Sergio Bitar anuncia su voto por Jackson. Para el recuerdo, en la conformación del primer gabinete de la Nueva Mayoría, incluso se incorporó a figuras de RD en altos cargos ejecutivos del ministerio de Educación. Trabajarían en la reforma educacional, sin embargo, ese mismo año, la mayoría de ellos abandonaron el gobierno. Y sería el bloque de ex dirigentes estudiantiles, quienes se transformarían en los más férreos opositores, rechazando en el congreso tanto la reforma educacional, como la reforma tributaria, y de pensiones. Un gobierno lleno de buenas intenciones que
terminó naufragando al final, gracias en gran parte al intenso fuego amigo.
Los ex partidos de la concertación fueron víctimas de la fatiga electoral, y en gran parte de la falta de
renovación de cuadros dirigentes y parlamentarios. Los mismos que protagonizaron el primer gobierno democrático con Aylwin, siguieron repitiéndose en diferentes cargos hasta la saciedad. Los nuevos liderazgos políticos surgidos del movimiento estudiantil de 2011, llegaron al congreso en 2014, aupados por la popularidad mediática y por la bendición de la propia Concertación, que erróneamente vio en el nuevo movimiento político un aliado, y no un adversario. El fracaso electoral de 2017, se debe en gran parte al error de diagnóstico de las cúpulas dirigentes, posiblemente pensaron que el electorado había girado más a la izquierda. Una ilusión óptica provocada por la nutrida presencia del PC y FA en el parlamento, impidió ver que la fortaleza del sector estaba en el núcleo fundante, la alianza entre el Centro y la izquierda. Consecuentes con esa falsa visión, se desechó sin mayor explicación ni fundamento, la candidatura del presidente Ricardo Lagos, quien concitaba el apoyo del PPD, sectores del PS y la DC.
La cúpula del PS decidió apoyar al periodista Alejandro Guillier quien contaba con el respaldo del PC, en tanto el FA se decidió por la periodista Beatriz Sánchez.
La elección de 2017 con la errada decisión de las cúpulas, significó una puñalada por la espalda al centro
político. La DC aliada del PS desde 1990, compitió con candidatura propia en esas elecciones, obteniendo un magro 5,88%. En tanto medrando nuevamente de la dispersión del voto progresista: Marco Enríquez, obtuvo 5.71 % y Alejandro Navarro 0,3% y Eduardo Artés un poco más de 0,5% de representación.
El candidato de la alianza Nueva Mayoría Alejandro Guillier obtuvo 22.70 % y la candidata del FA Beatriz
Sánchez obtuvo 20.27 %. De este modo el progresismo obtenía en primera vuelta a través de distintas opciones un 55,43% de representación. En tanto Sebastián Piñera obtuvo un 35,64% y José Antonio Kast un 7,93%, sumando ambos un 43,57%. La aparente ventaja de Guillier se transformó en derrota en segunda vuelta, donde se impuso Sebastián Piñera, obtniendo un 57 %, gracias a votantes de centro, por sobre Alejandro Guillier que obtuvo un 45.42 %.
En 2021, el desorden y la comedia de enredos protagonizada por las cúpulas políticas fue peor aún. Después de prolongadas negociaciones para que todo el progresismo concurriera a una misma primaria presidencial, sólo a horas del cierre del plazo, la cúpula del FA/PC notifica a la centro izquierda su negativa a concurrir a una primaria presidencial que incluyera a la DC y el PPD. Un veto sin fundamento y sin anuncio previo, una verdadera burla. Esto dejó a la centro izquierda sin primaria legal. Inscribiéndose sólo la del FA/PC. Memorable es la imagen del presidente del PR Carlos Maldonado esperando solo en el SERVEL, para la firma de una solicitud que no llegó a presentarse.
También de esa noche es la frase del presidente del PS Álvaro Elizalde “No se humilla al partido de Allende”.
Finalmente, la centro izquierda optó por realizar una consulta ciudadana, equivalente a una primaria convencional.
En esta votación, Yasna Provoste de la DC se impuso con el 60% de los votos por sobre Paula Narváez del PS-PPD y Carlos Maldonado del PR. En tanto la primaria del FA/PC concluyó con el triunfo de Gabriel Boric por sobre el candidato del PC Daniel Jadue.
En 2021, el resultado de la primera vuelta dejó al sector conservador sumando 53,5% con José Antonio Kast liderando con 27,91%, por sobre Sichel 12,71% y Parisi 12,8%. En tanto el progresismo sumó sólo 46,52%, con Boric
liderando con 25,83%, seguido de Yasna Provoste con 11,61%, Marco Enríquez con 7,61% y Eduardo Artés con 1,47%.
El resultado de 2021 en que Boric se impone en segunda vuelta gracias a la votación de personas de centro, temerosas de la opción radical de JAK, debió ser un téngase presente, una advertencia. Pero no fue así. En retrospectiva, el triunfo de Boric sobre Kast en 2021 con voto voluntario y la resaca de una administración conservadora que pagó el costo del estallido y la pandemia, se ve más como un espejismo, que como un sólido cambio de rumbo. La historia reciente muestra que, al cabo de cuatro años, se produce la consolidación electoral del sector ultraconservador, derrotados ayer, triunfaron con claridad en 2025.
El gobierno del presidente Boric no fue más que un paréntesis entre dos gobiernos conservadores. Ni el
reclamo ciudadano contra los abusos y la desigualdad que tuvo apoyo transversal en octubre de 2019, ni la alta desaprobación con que terminó la administración Piñera, fueron suficientes para dar fuerza y potencia al gobierno que ofreció las “grandes transformaciones”, pero entregó modestos resultados.
Con toda esa historia social y política detrás del proyecto de la centro-izquierda, hoy la nueva élite política exige sumisión a los partidos tradicionales del progresismo. Una sola voz debe haber, y los partidos que antaño representaron el arcoíris de colores políticos más amplio de Chile, hoy son invitados, conminados, a sumarse a una alianza monocolor. La pérdida de brújula es total, se confunden medios con fines. Los resultados electorales desde 2009 en adelante, demuestran que el que decide elecciones en Chile es el vasto sector ciudadano que se ubica en el centro político. No pertenece a un partido o sector político en particular, y cuando la Concertación dejó de interpretarlo, perdió elecciones cada cuatro años.
Desconozco que pesó más en la paliza electoral que propinó José Antonio Kast al progresismo. ¿La cuenta de los dos experimentos constitucionales fallidos?, ¿Los errores iniciales que debió corregir la centro izquierda?, ¿La arrogancia presente todo el período?, ¿La agenda woke? Es muy probable que con una candidatura de otro sector se hubiera impuesto igual la alterativa conservadora. Pero desde el resultado de las primarias, se sabía que una candidatura presidencial comunista no tenía futuro en Chile.
La incorporación al gobierno de la coalición Apruebo Dignidad, de la centro izquierda que fue derrotada en las elecciones de 2021, no bastó para consolidar una nueva mayoría política. Los cuadros de centro izquierda, permitieron a la administración Boric alcanzar un equilibro funcional mínimo, para llevar adelante las tareas de gobierno. Sin mayoría política en el círculo de poder fundacional de la administración, fueron los partidos de los círculos de poder externos, los que llevaron agua al molino presidencial. Le permitieron gobernar y concluir su mandato. Pero no bastó para traducir eso, en una adhesión y aprobación mayoritaria al gobierno, y por cierto fue insuficiente para proyectarse en una nueva administración.
La nueva élite política que gobernó estos cuatro años, inició tempranamente la búsqueda de una suerte de legado en torno al cual unirse en el futuro. Parte importante de las pulsiones presentes hoy en la discusión política entre Apruebo Dignidad y el Socialismo Democrático, están marcadas por este reclamo. Pero no hay legado que valga frente a la voz del pueblo. La voz del pueblo se escuchó fuerte, el fracaso electoral es una señal muy poderosa que debe oírse.
Es la centro izquierda la que tiene la capacidad, la formación y la experiencia, que otorga ser artífices de los veinte años de la alianza política más exitosa de la historia de Chile. Allí existió mayoría social y política. Existió vinculación estrecha entre el sentir y la necesidad ciudadana, y la agenda de gobierno. La centro izquierda sabe la importancia de equilibrar mercado y crecimiento económico, junto a la lucha contra la desigualdad. En sus gobiernos se produjo el aumento histórico en las condiciones materiales de vida de millones de chilenos y chilenas. Es hora de que la centro izquierda retome la defensa de sus ideas y de su obra. Con humildad, pero con la firmeza que da el saber lo que se ha construido y se puede volver a construir.
Ernesto Sepúlveda Tornero