Magallanes mira al campo y lidera la revolución agrícola que busca alimentar al fin del mundo

Pasadas las diez y media de la mañana, quedaban pocos asientos libres en el salón del Espacio Cultural Biblioteca Municipal Carmen H. de López. Las agricultoras y agricultores de la Agricultura Familiar Campesina habían llegado temprano, cargando sus libretas de apuntes, arrastrando dudas antiguas e impulsados por esa curiosidad intacta de quien intuye que la tierra austral todavía guarda más preguntas que respuestas. Ahí se mantuvieron, firmes y atentos, hasta después de las seis de la tarde.

Entre disertación y disertación, las preguntas llovieron desde cada rincón de la sala, las falsas certezas fueron cayendo una tras otra, y al final del día se asentó una convicción tan incómoda como estimulante. Magallanes todavía depende del norte para llenar su mesa con productos que perfectamente pueden brotar en suelo local. Ese vacío, mirado con audacia, no es más que un mapa trazado de oportunidades por conquistar.

Fue justamente ese mapa el que los expositores fueron completando, pieza por pieza, a lo largo de la jornada.

La cita forma parte del histórico convenio entre el Gobierno Regional e INDAP para fortalecer la soberanía alimentaria, con una inversión superior a los 3.200 millones de pesos, y abrió sus fuegos con la bienvenida del seremi de Agricultura, Ignacio Cavada, quien destacó el valor formativo de la iniciativa. El director regional subrogante de INDAP, Petar Bradasic, compartió esa lectura y remarcó la importancia estratégica de democratizar el conocimiento técnico de primer nivel entre los productores locales.

En tanto, el gobernador regional, Jorge Flies, habló de la importancia de la infraestructura, de capacitación, de manejo integral del territorio, de estaciones climatológicas y fomento agrícola, y dejó una frase que funcionó como advertencia a la vez, este esfuerzo solo se sostiene si las familias campesinas no sueltan la mano, si siguen llegando a las convocatorias de proyectos, a la capacitación, a los canales de comercialización. El mapa ya está trazado. Falta caminarlo.

El primer trazo del mapa lo puso el académico Nicolás Butorovic, de la Universidad de Magallanes, quien desglosó la realidad climatológica actual y sus proyecciones. Su diagnóstico fue una advertencia disfrazada de dato, sin leer con precisión científica las variables recientes del clima, cualquier plan de cultivo nace a ciegas.

Sobre esa base, Rodrigo Acuña, doctor de Horticlima, situó la primera coordenada concreta del territorio por conquistar, la infraestructura de invernaderos y la técnica hidropónica en zonas extremas. Fue categórico en algo que sonó casi a mandamiento, ningún productor debería iniciar un proyecto sin un análisis riguroso de suelo y agua, y para que la advertencia no quedara flotando en el aire citó el caso de Australia, donde se cultivan tomates bajo condiciones climáticas tan severas como las de la Patagonia. Si allá se puede, la pregunta que quedó dando vueltas en la sala fue por qué no acá.

El ingeniero agrónomo Jorge Moncada avanzó un paso más y bajó el mapa a la tierra misma, entregando claves prácticas sobre fertilización eficiente en cultivos protegidos. Y el cierre técnico bordeó lo revolucionario cuando Pablo Valdenegro, geólogo del Centro de Excelencia en Geotermia de Los Andes de la Universidad de Chile, mostró que las bombas de calor geotérmicas ya optimizan invernaderos en Lampa y viñedos en el Maule. Con esos antecedentes sobre la mesa, la idea de un proyecto piloto similar en Magallanes dejó de ser una utopía para transformarse en un desafío inminente.

El mapa del seminario itinerante continua con: 

  • Porvenir – Miércoles 29 de julio, a las 10:00 horas, en el auditórium del Centro de Formación Técnica de Magallanes.
  • Puerto Natales – Viernes 31 de julio, a las 09:00 horas, en el auditórium del Liceo Bicentenario Politécnico Luis Cruz Martínez.