Energía en Magallanes: eficiencia, territorio y personas

Hablar de energía en Magallanes es, ante todo, hablar de las personas que habitan esta
tierra extrema. Es hablar de historia, de identidad y de desafíos que no se resuelven
únicamente con grandes inversiones, sino con decisiones inteligentes, coherentes con el
territorio y centradas en mejorar la calidad de vida de quienes viven aquí.
Desde la exploración del petróleo y el gas en la década de 1950, con la creación de ENAP
como pilar del desarrollo regional, hasta los desafíos actuales asociados a una posible
nueva industria del hidrógeno verde, Magallanes ha estado siempre ligada a la energía.
Hoy, esa historia nos vuelve a poner frente a una oportunidad que podría redefinir las
bases energéticas y productivas de la región. Sin embargo, este desafío no es solo
industrial: es profundamente social y humano.
En un territorio marcado por bajas temperaturas, altos costos energéticos y viviendas
muchas veces deficientes desde el punto de vista térmico, mejorar la calidad de vida pasa
por cambios que pueden parecer pequeños, pero que son tremendamente efectivos. En el
ámbito de la construcción, avanzar hacia viviendas más eficientes implica acciones
concretas: reemplazar ventanas simples por ventanas termopanel, mejorar la aislación
térmica de muros, techumbres y pisos, incorporar sistemas de ventilación pasiva o
soluciones constructivas actuales que reduzcan la transmitancia térmica y aumenten la
resistencia de la envolvente, en coherencia con la normativa vigente recientemente
actualizada.
Pero la eficiencia energética no se agota en la infraestructura. También requiere un cambio
cultural. Implica una gestión energética real dentro de los hogares: uso responsable de la
energía eléctrica, sistemas de climatización eficientes y correctamente dimensionados,
incorporación de soluciones fotovoltaicas y eólicas en sectores que no cuentan con
suministro eléctrico, y una comprensión clara de que cada decisión de consumo tiene un
impacto económico, ambiental y social.
En este contexto, la formación de capital humano es clave. Hoy, en INACAP Sede Punta
Arenas, desde las carreras del área de Energías y Eficiencia Energética, estamos
preparando a los técnicos y profesionales que la región necesita para enfrentar estos
desafíos con una mirada aplicada, territorial y comprometida con el desarrollo sostenible.
Profesionales capaces de dialogar con la industria, comprender la normativa, diseñar

soluciones eficientes y, sobre todo, aportar desde su quehacer a una mejor calidad de vida
para las familias magallánicas.
Porque el futuro energético de Magallanes no se construye solo con grandes proyectos,
sino también —y sobre todo— con viviendas más eficientes, decisiones informadas y
profesionales formados con sentido de territorio. En una región donde el frío es parte de la
vida, la eficiencia energética no es un lujo: es una necesidad y una responsabilidad
compartida.