Las Áreas Marinas Protegidas (AMP) en Chile cubren más de 1,4 millones de
kilómetros cuadrados, incluyendo parques marinos, reservas marinas, santuarios
de la naturaleza y Áreas Marinas Costeras Protegidas de Múltiples Usos (AMCP-
MU). En total, el país protege más del 54% de su Zona Económica Exclusiva,
gracias a grandes enclaves oceánicos que permiten conservar ecosistemas de
alto valor ecológico.
En la Región de Magallanes, estas áreas cumplen un papel especialmente
relevante para resguardar ecosistemas australes únicos. Entre ellas destacan el
Parque Marino Francisco Coloane y el Área Marina Costera Protegida de Múltiples
Usos Seno Almirantazgo, espacios que albergan una importante diversidad de
especies y ecosistemas marinos.
Ahora ¿Cómo se conserva un espacio que no tiene límites visibles y que puede
abarcar enormes extensiones? Este es uno de los desafíos que aborda Catherine
Dougnac, directora de Gestión Programática de WCS Chile, quien destaca la
necesidad de combinar distintas herramientas y capacidades para lograr una
conservación efectiva, especialmente frente a la dificultad de mantener una
presencia permanente en territorios extensos como los archipiélagos de
Magallanes.
“Las áreas marinas son bienes comunes, entonces, básicamente, todas las
instituciones que participan del Estado tienen un rol ahí y también las personas
que están en ese lugar”, explica Dougnac.
WCS Chile trabaja en el Área de Conservación de Múltiples Usos, Francisco
Coloane y Seno Almirantazgo: “hemos colaborado en el desarrollo de sus
instrumentos de gestión mediante procesos participativos que involucran a
instituciones públicas, comunidades locales y otros actores vinculados al territorio.
Entre las acciones que desarrollamos, hemos promovido buenas prácticas para la
observación responsable de fauna marina, reducir residuos marinos, el
fortalecimiento de capacidades para la conservación junto con el impulso de
iniciativas de monitoreo participativo para una toma de decisiones informada»,
señala Nykol Jara, profesional del Programa de Conservación Marina de WCS
Chile.
En este escenario, el monitoreo participativo y las nuevas tecnologías adquieren
especial relevancia. Comunidades, pescadores, operadores turísticos y otros
usuarios del mar pueden contribuir al seguimiento de especies y amenazas,
generando información que permita mejorar la toma de decisiones y la gestión de
estos territorios. A ello se suman herramientas como el monitoreo satelital, que
permite detectar actividades y cambios en zonas protegidas de difícil acceso.
“La estrella en esto son las Áreas Marinas Protegidas, porque nos permiten
planificar e implementar acciones concretas en una zona en el mar. Así, aunque
este no tiene límites realmente, si uno hace esfuerzos específicos implementando
acciones enmarcadas dentro de un plan en un área determinada, se logran
resultados concretos de conservación que genera beneficios más allá de sus
límites imaginarios”, indica Dougnac.
La conservación marina también requiere comprender que no todas las áreas
protegidas tienen el mismo nivel de restricción. En las Áreas Marinas Costeras
Protegidas de Múltiples Usos, por ejemplo, pueden coexistir actividades
económicas sustentables con sectores donde se establecen medidas de
protección más estrictas. Esto requiere planificación, acuerdos y una gobernanza
capaz de integrar distintas visiones y usos del territorio.
Por ello, la protección de estos espacios demanda la participación activa de
instituciones públicas, comunidades locales, pescadores, operadores turísticos,
organizaciones de conservación, investigadores y otros usuarios del mar. La
colaboración entre estos actores permite fortalecer el monitoreo, identificar
amenazas y construir soluciones que respondan a las características de cada
territorio.
Asimismo, una conservación efectiva requiere mucho más que fiscalización. Se
necesitan financiamiento, infraestructura, personal, monitoreo, educación
ambiental y cumplimiento de la normativa, además de mecanismos de
coordinación que permitan sostener en el tiempo los esfuerzos de protección.
“Lo que debiéramos ver es un área que prospera, que es manejada con una
gobernanza integral, que los beneficios del área se reparten equitativamente con
quienes están haciendo los mayores esfuerzos”, señala Dougnac.
En este Día de las Áreas Marinas Protegidas, el desafío es avanzar desde la
creación de espacios protegidos hacia una gestión efectiva y colaborativa, donde
la protección de la biodiversidad marina vaya de la mano con el conocimiento
científico, el monitoreo, la participación de las comunidades y el reconocimiento de
quienes habitan y trabajan en estos territorios.
Porque proteger el mar no significa solo delimitar un área: significa conocerla,
monitorearla, gestionarla y construir colectivamente las condiciones para que sus
ecosistemas puedan prosperar en el tiempo.

