Esta semana se efectuó en el conspicuo Metropolitan Santiago, una nueva versión del encuentro de
empresarios ENADE 2026, bajo el nombre Tempus invertendi: Tiempo de Invertir. Un encuentro que viene
realizando ICARE desde 1974 ósea hace 48 años, y como nota curiosa, siempre han usado expresiones en latín, para
bautizar una nueva versión. Básicamente es un encuentro del poder político con el gran empresariado, es el
momento donde el ejecutivo expone su visión de la marcha del país y sus perspectivas de desarrollo a quienes
representan el mayor aporte al PIB. Está allí el 1% de mayores ingresos que concentran hoy el 49,8% de la riqueza
del país. En otras palabras, es un encuentro tradicional entre quienes detentan el poder en Chile, por el que pasan
año tras año los presidentes y la presidenta con sus ministros de hacienda.
En esta ocasión, el presidente Kast y su ministro Quiroz, llegaban precedidos de una decisión política, que
constituyó una navidad anticipada para el gran empresariado. En una reminiscencia lejana a los adelantos de la
navidad que hacía el tirano Chávez, el gobierno con su mega reforma dispuso el mayor traspaso de riqueza desde el
Estado a las grandes empresas de Chile. Como no podía ser de otro modo, fue recibido con júbilo, mal que mal
estaban allí quienes se beneficiarán de la rebaja del impuesto de primera categoría de un 27% a un 23%. No
estuvieron allí los dueños de almacenes o panaderías de barrio, ni las pymes, sino quienes representan a los grandes
consorcios, las grandes corporaciones, los bancos, las mineras, la gran industria, el retail, la construcción. Que no se
malentienda. Me parece justo y apropiado que el poder político interactúe públicamente con el poder económico. Es
la forma en que una sociedad democrática puede escrutar el dialogo que se da entre quienes detentan el poder. Que
es todo lo contrario a lo que ocurre en los regímenes autoritarios y las dictaduras.
El tema es que el selecto grupo de invitados a ENADE socialmente representa una parte ínfima del país, por
lo que malamente se puede pretender que los entusiasmados aplausos y felicitaciones recíprocas, correspondan al
sentir ciudadano. Las pésimas cifras de evaluación del gobierno, van más allá del desempeño individual del
gabinete, y de los últimos errores, o más bien horrores, en el ministerio de justicia. El tema central de todo gobierno
es o debiera ser, el bienestar de la población del país. Y en esa materia se está al debe. De la mega reforma lo único
concreto y real, son los beneficios de la rebaja tributaria, cuyos efectos las grandes empresas los van a experimentar
dentro de poco. El resto de las medidas, dependen de factores que no se pueden decretar administrativamente por
un gobierno, porque dependen de factores exógenos, como que fluyan masivamente los proyectos de inversión
privada. En un reconocimiento explícito de que esto puede tardar todo lo que queda del gobierno, el ministro de
Hacienda proyectó los efectos de la mega reforma en un horizonte de doce años. Así nomás, el hombre no se anda
con chicas, pretende que sus decisiones en materia económica, arrastren u obliguen a tres gobiernos distintos. ¿No
será mucho, Lucho?
Para ser honestos, la rebaja tributaria a las grandes empresas estaba contemplada en el proyecto de reforma
tributaria presentada por el ministro Marcel, y rechazada en su idea de legislar por la oposición de ese entonces que
hoy está en La Moneda. Pero el proyecto de Marcel contemplaba incentivos a la inversión, y medidas que
compensaban la pérdida de ingresos tributarios para el Fisco. Eso no está en la mega reforma tributaria de Quiroz. La
rebaja no obliga a invertir los recursos, que, para felicidad de los beneficiados, irán íntegramente a sus bolsillos. De
ahí que se entienda claramente al presidente Kast en su discurso en ENADE, cuando le dice a la audiencia: “Así como
vamos a rebajar impuestos, necesitamos que eso que no va al Estado no quede en una cuenta de ahorro, en un
depósito a plazo, en un fondo mutuo. Necesitamos que con esos recursos se contrate a más personas”. Esto que más
parece un ruego, tendrá muy improbables efectos sobre la inversión inmediata. Un aspecto trascendental del ciclo
económico que debió contemplarlo la reforma del ministro Quiroz, pero ideología manda, y seguimos confiando en
las hadas del libre mercado.
Aunque se quiera adornar la realidad, y los discursos de ENADE agreguen autobombo, y palmoteos en la
espalda entre los dueños del poder, la verdad es que enfrentamos un verdadero aluvión de desempleo. Al igual que
en la contingencia climática, aunque los datos y los expertos lo habían advertido, se ignoró las alarmas. En un cóctel
altamente volátil, se mezclan hoy, el desempleo que llegó a 9,8% en el último trimestre móvil, superando ya el
millón de desempleados, con un crecimiento económico que nos lleva a un crecimiento cero, o a un crecimiento
negativo para el año 2026. Los expertos señalan que la mega reforma no tendrá efectos en el corto y mediano plazo.
En otras palabras, la alta tasa de desempleo no se va a reducir en 2027, y se estima que llegaría a 8% recién en 2030.
Herman Von Müllenbrock, un destacado líder gremial del empresariado que fue por 40 años gerente de una gran
empresa metalúrgica, entre loas a la conducción económica, sostuvo que tener un millón de chilenos sin trabajo es
éticamente impresentable.
Lo dicen los empresarios, lo dicen los economistas, algunos políticos de centro derecha, e incluso lo reconoce
el propio presidente Kast, las medidas adoptadas para contener el desempleo han sido insuficientes. Sin embargo, el
enfoque con el que se enfrenta esta situación nace de una visión ideológica rígida y restringida que retarda las
decisiones que podrían revertir en el corto plazo la debacle laboral. Esperar que las reformas de largo plazo surtan
efecto, condena a la economía chilena a depender prácticamente del azar. Un millón de desempleados, implica la
afectación de al menos tres millones de personas que integran esos grupos familiares. No basta con rogar a los
empresarios que empiecen a contratar. De hecho, lo hizo literalmente así el presidente en su intervención en
ENADE, pidiendo que cada uno de los asistentes contratara a una persona. Esta noción desconoce el rol de la política
pública. Sucesivos gobiernos del progresismo y del sector conservador, ante crisis del empleo han recurrido a una
fórmula que no tiene nada de nuevo, y que siempre ha resultado. Activar la inversión pública en obras de
infraestructura. El sector construcción ha sido el único sector económico que históricamente ha detonado la
recuperación del empleo.
En honor al nombre de la convocatoria de ENADE Tempus invertendi, tiempo de invertir, la actual
administración debe dejar el dogma neoliberal extremo, y generar un gran plan de inversiones públicas. Se lo están
pidiendo incluso economistas conservadores, porque la inversión pública no es simpe gasto fiscal, es el gatillo que
detona la recuperación de los empleos y a la vez detona la reactivación económica. Sin la recuperación del empleo
asalariado, no se va a recuperar el consumo interno, que es clave en el sector comercio y servicios.
La insistencia de hacienda en su agenda ideológica, ha impactado seriamente la economía doméstica. El
bencinazo que según el gobierno significó un ahorró de 3 mil millones de dólares al Fisco, ha implicado un golpe de
la misma magnitud en los hogares chilenos. Han sido los vecinos y vecinas del país quienes han tenido que asumir el
alza de los combustibles, y el alza sin pausa de los precios de la canasta básica.
Muchas y variadas voces han llamado insistentemente al gobierno a abrirse a aceptar soluciones de política
pública de eficacia probada. Las personas comunes y corrientes son las que están hablando en los diversos estudios
de opinión. Y en lo que respecta a la aprobación del gobierno, el resultado es muy preocupante. Como hemos
comentado anteriormente, cada semana es una nueva caída. No sólo los constantes errores, las continuas renuncias
en distintos niveles del gobierno, sino también las pérdidas en los atributos que son más difíciles de recuperar. La
confianza, la credibilidad, la capacidad para resolver los problemas, y la empatía, ósea la capacidad de ponerse en el
lugar del otro. Estos aspectos no se resuelven con personeros que actúan prescindiendo de la opinión ciudadana,
quienes confunden la lealtad al gobierno, con la obsecuencia. Estos son quienes mayor daño le están haciendo a la
actual administración. El argumento que recurre al apoyo político en segunda vuelta, envejeció pésimo, y hoy cuesta
encontrar en las calles y plazas quienes reconozcan su voto por el oficialismo. Simplemente esa adhesión clara y
mayoritaria del año pasado se esfumó, y ya no sirve para respaldar los errores. Tampoco sirve más la constante
apelación al gobierno anterior. Dadas las pésimas cifras de crecimiento, inflación y empleo, esas comparaciones
ahora no exhiben un saldo positivo para el gobierno conservador.
Aún es tiempo de enmendar el rumbo para la actual administración, transcurridos sólo 7 meses de su inicio,
no es una buena noticia, el desplome brutal en la confianza y la credibilidad. La recuperación de los empleos y del
crecimiento económico, requiere de niveles de confianza mínimos. Esa tarea es eminentemente política. Se requiere
de experiencia en gobierno y políticas públicas, no bastan los incondicionales o los más cercanos al presidente. Es
tiempo de reconocer errores y poner a trabajar a quienes saben hacer la pega. Es posible que abrirse a la centro
derecha, sea equivalente a lo que le pasó al FA y PC con la necesidad de abrirse al socialismo democrático. Hoy nadie
puede afirmar que esa fue una mala decisión de Boric, por el contrario, se cita como referentes de esa
administración a Mario Marcel y Carolina Tohá, figuras emblemáticas del progresismo. Me imagino que no será fácil
hacer ese giro para el presidente Kast, pero es lo que se necesita. El país no resiste más crispación, ni más errores
que dañan y causan dolor a todo Chile. Se requiere personas que contribuyan a sanar el alma nacional, y sean canal
de desahogo para el creciente descontento. Después no se diga que no lo vimos venir.
Ernesto Sepúlveda Tornero

