El ajedrez geopolítico del cono sur de América.

Mientras en el mundo se viven a lo menos dos guerras de alta intensidad que involucran a Estados de las principales potencias mundiales (EEUU e Israel contra Irán y Rusia contra Ucrania y la OTAN) con efectos geopolíticos y geoeconómicos de alcance global, en el Cono Sur de América -en la confluencia de tres océanos mundiales, Atlántico, Pacífico y Austral- está ocurriendo un casi silencioso juego de ajedrez geopolítico. Un juego intrincado con varios actores presentes y un complejo cruce de intereses. Cada cierto tiempo, alguna declaración pública desafortunada de algún militar, político o diplomático viene a alterar las mareas tranquilas del sur, pero debajo de la superficie se mueven aguas geopolíticas profundas. Todo parece girar alrededor del petróleo, el principal recurso en la zona, pero en realidad es mucho más que hidrocarburos. La empresa británico-israelí que se encuentra explotando los yacimientos petroleros en el fondo marino frente a las islas Falklands/Malvinas, ya está próxima a culminar la fase de exploración de las reservas y yacimientos e iniciar la fase de explotación y producción. En tiempos en que el petróleo es el principal combustible de las guerras, sacar petróleo en el Atlántico Sur frente a las costas argentinas, desde unas islas reivindicadas por el Estado argentino, acerca una chispa inquietante a los barriles de petróleo del cono sur de América. Este hecho pone un elemento de fricción entre Argentina -gobernada por Javier Milei- y Gran Bretaña, el principal aliado estratégico de Estados Unidos. La reciente declaración de los Presidentes de Chile y Argentina, en la que Chile dinamitó su histórica neutralidad frente al litigio británico-argentino por las Faklands/Malvinas y puso en entredicho la histórica relación estratégica de Chile con Gran Bretaña, al manifestar que Chile adhiere a la tesis argentina de reivindicación de soberanía sobre el controvertido archipiélago, agregó un nuevo conflicto diplomático, cuyas repercusiones continuarán en el futuro. Rockhooper es una compañía petrolera basada en Londres asociada con capitales israelitas, los mejores aliados del Gobierno de Javier Milei. Estamos hablando del yacimiento Sea Lion descubierto en 2010 y que se encuentra en la cuenca norte al norte del archipiélago. En su informe del 31 de marzo de 2026, Rockhooper Exploration estimaba la existencia de reservas en 142 millones de barriles de petróleo y 119 millones de barriles de gas. Todo parece girar alrededor del petróleo, pero es más complicado el asunto. Donde hay petróleo, se agudizan los intereses geopolíticos de las potencias, sobre todo para un hallazgo de enormes reservas de hidrocarburos en el Atlántico Sur. A Estados Unidos también le interesa el petróleo del Atlántico Sur, en realidad le interesa tanto como el petróleo de Venezuela y de Irán, porque sirve a su geopolítica petrolera respaldada por el poder militar y naval. Estados Unidos está interesado en instalar una base logística de la US Navy en el canal Beagle junto a Ushuaia, seguramente movido por su interés en controlar y asegurarse el libre acceso a las vías de navegación marítima hacia la Antártica y todo el cono sur de América en su disputa geopolítica con China. A Estados Unidos le interesan los pasajes marítimos australes (Magallanes, Beagle y Drake) considerando las dificultades crecientes de funcionamiento del canal de Panamá debido a la sequía y el cambio climático. Todo el conjunto de actores estratégicos en juego en el Cono Sur de América, se entrecruzan por sus implicancias de proyección antártica. El mapa de esta zona destaca hitos geográficos fundamentales como la Isla Grande de Tierra del Fuego, las Islas Falklands/Malvinas y las Islas Sandwich y Georgias del Sur, que constituyen accesos logísticos naturales hacia el continente antártico. Es un punto de cruce de tres océanos: Atlántico, Pacífico y Austral. En la geopolítica austral, el estrecho de Magallanes, espacio soberano y no compartido de Chile desde 1881, se vuelve esencial, estratégico para asegurar la libre navegación entre los océanos Pacífico y Atlántico y como principal hub logístico antártico. Armas, alianzas e intereses El gobierno de Javier Milei, que ha realizado una cuantiosa compra de aviones de guerra F16 a Dinamarca y desarrolla una nutrida retórica militarista y nacionalista ante el deterioro de la opinión pública interna, tiene que convencer a su aliado Donald Trump que no va a intentar recuperar las Islas Malvinas por la vía de la fuerza, pero al tratar de recuperarlas por la vía diplomática produce un efecto de fricción geopolítica y de conflicto latente adicional con Gran Bretaña, el verdadero aliado estratégico de Estados Unidos en la OTAN. En este complicado juego de ajedrez geopolítico, para EEUU el aliado estratégico fundamental y permanente es Gran Bretaña, y Argentina es sólo un aliado circunstancial. En América del Sur parece ocurrir una silenciosa escalada de compra de armamento, cada vez más sofisticado, cada vez más letal, contra un enemigo “invisible”. ¿Cuáles son las hipótesis de conflicto con las cuales trabajan las academias militares y escuelas de guerra de las fuerzas armadas sudamericanas? El “enemigo” ya no es el narcotráfico o el crimen organizado, a pesar de las declaraciones de prensa. Evidentemente, las redes del narcotráfico no se combaten con cazas bombarderos, tanques ni fragatas de guerra. La Fuerza Aérea Argentina confirmó, a través de sus canales oficiales, que la segunda tanda de aviones F-16 llegará durante septiembre, tres meses antes de la fecha establecida inicialmente. La compra realizada a Dinamarca contempla un total de 24 aviones F16 modernizados. El programa, denominado Peace Condor, busca recuperar la capacidad de combate supersónico que la Fuerza Aérea Argentina había perdido tras el retiro de los aviones Mirage. En esta intrincada trama de intereses cruzados en el cono sur, Argentina tiene que jugar al equilibrio entre EEUU y Gran Bretaña, Chile tiene que jugar al equilibrio entre Argentina, EEUU y Gran Bretaña, Gran Bretaña tiene que jugar al equilibrio con Estados Unidos teniendo un ojo alerta puesto en el Atlántico sur y todos ellos se miran entre sí con atención, poniendo además una mirada sobre sus respectivas proyecciones antárticas. Hay mucho más que petróleo en juego: hay fronteras, intereses y soberanías, hay inversiones y empresas involucradas, que forman parte del ajedrez geopolítico de la región austral de América. Manuel Luis Rodríguez U.