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Sunday 22 October 2017
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REFLEXIONES SOBRE LA VIOLENCIA. COMENTARIO DE TOLENTINO PÉREZ SOTO.

VIOLENCIA es un tema contradictorio y manipulable. En efecto, a  pesar de  que nadie lo acepta como praxis moral, posee  la rara virtualidad de estar presente desde la génesis  misma  de la  historia humana. Sin embargo, es tanta su versatilidad semántica como  acción violenta que, incluso los que se rasgan la vestidura por la  PAZ, son los que suelen usarla  -cínicamente- con más  frecuencia y devoción.

Repetimos, aceptando la acción violenta  como fenómeno histórico  de antiquísima data, sólo se consagra como preocupación delirante en el siglo XX cuando se mezcla con la expresión máxima de la  conducta diabólica del hombre que es el terrorismo y la destrucción salvaje de cualquier avance positivo de la civilización, sea de índole material, espiritual, ético o de simple  convivencia social.

Aceptando esa  procedencia ancestral, los analistas más cercanos e imparciales declaran que  dos son las fuentes  que descubren la violencia como métodos para lograr y conservar el poder en el orden político-social: el nazifascismo y el comunismo, ambos predicadores de futuros pacíficos, utópicos y pródigos en  publicitar  una paradisíaca   felicidad humana.  Como se sabe,   ambos    aparatajes    teóricos    -¡cual  hábiles “encantadores de serpientes¡  han   terminado en rotundos fracasos.

A esas raíces ideológicas  -donde la violencia no aparece nunca  como fin sino como medio justificador– se suman, como secuelas similares,  la peste  social del militarismo,  las satrapías hereditarias, el mesianismo demagógico, los fanatismos religiosos  y toda  suerte de dictaduras que sometan a la persona humana,  alegando, desfachatadamente, razones filosóficas o decoros intelectuales  tan absolutos que no dejan  la más mínima duda de conciencia en  quienes optan por ella. ¡Estas utopías fracasadas han causado millones y millones de muertes injustificadas,  olímpicamente  borradas de la memoria de sus tercos propiciadores que aún hoy insisten  venderlos como modelos vigentes o futurísticos!

En este análisis somero pero pertinente por lo momentos que vivimos, hay que registrar las causas que, sibilinamente,  se soslayan:   ¿quiénes son los dueños o administradores de esos monumentales  arsenales de armas mortíferas  los cuales, sorprendentemente,  son comprados  con dineros de los presupuestos del país y  luego  usados para  masacrar al propio pueblo que contribuyó económicamente  en su  adquisición. ¡Parece  tan absurdo como expresión del masoquismo mismo¡

En esas condiciones, afirmar  de que la violencia  es responsabilidad del sector  más desarmado de la sociedad, es el colmo de los  descaros.    Desde  luego, ante tamaña desventaja  de recursos bélicos,   es   elemental   -como  explicaba Helder Cámara-  para la humana reacción de la autodefensa o la lucha contra la represión abusiva….aunque esta sea una nueva versión del  enfrentamiento entre David y Goliat.

No hablaremos de la injusticia social o las crisis humanitarias de hambre  o la indefensión o la explotación imperialista  que pueda sufrir un pueblo sometido por el nuevo “malvado” Goliat porque eso, sin duda,  justificaría   la justificación de una  desesperación incontrolable ante opresión. Al respecto, recordemos a San Agustín avalando la rebelión ante la tiranía.

Se nos ocurren  estas reflexiones   -en  los actuales  tiempos tempestuosos  venezolanos-  porque a la violencia que conocí con toda su secuencia de crueldad en mi país de origen durante la dictadura militar  (Chile 1973) ,  he  descubierto, como ingrediente que se suma a la fuerza de las armas,  la infamia de la  mentira elaborada en  los  maquiavélicos  “laboratorios sucios ” donde la miseria  de la amoralidad no trepida en destruir a persona o instituciones con  calumnias, con  la degradación del adversario o la escenificación inventada de hechos aberrantes. ¡La  única verdad   -decía Goebels- es  la mentira que se publica repetidamente  y  -además,  agregamos-    cuando se  controlan todos los medios comunicacionales y  entes institucionales. En ese escenario de manipulación abyecta, depende sólo del gobierno opresor  la  formación de la  matriz de opinión que llega al cerebro del pueblo. Salir de esa trampa exige mucha perspicacia reflexiva de un pueblo indomable.

Por eso, como vemos,  hablar de violencia se afinca en complejas realidades y matices. En el caso de Venezuela, es loable que el despertar de su pueblo empieza a reeditar la victoria increíble de David sobre Goliat.  Esta vez, el arma de un pueblo desarmado ha sido la UNIDAD  y  -¡gracias a Dios!-  su indoblegable voluntad de ser libre.

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