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Sunday 16 December 2018
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MAGALLANES Y SU POLÍTICA

No es noticia aquella portada que acusa descontento, decepción e insatisfacción con la clase política. De un tiempo a esta parte la crítica ha sido constante y no es novedad luego del continuo destape de hechos de colusión y abuso de poder por parte de los políticos nacionales. Y en Magallanes, ¿estaremos libres de todo mal?

A propósito del fin del gobierno de Michelle Bachelet, del comienzo del gobierno del presidente Sebastián Piñera y, en consecuencia, del nombramiento de las autoridades y directores regionales, se ha registrado un cambio en la temperatura política que asciende y desciende entre la incertidumbre y el anhelo de que quienes ostenten los cargos sean personas profesionalmente preparadas y de un valor per se indubitado.

Qué mal haría a nuestra política regional que en designaciones futuras se vieran involucrados el negocio, el poder y el nepotismo en la selección de cargos, ya que esto contribuiría a cavar un profundo abismo entre gobernantes y gobernados. De paso devaluaría el honor que significa ser representante de un pueblo, así como también la credibilidad en nuestra gestión, y por supuesto, la seriedad de nuestra región.

“Amor por el servicio público” es una frase manoseada hasta el hartazgo y que de a poco ha ido perdiendo el sentido, sin embargo, nos encontramos cara a cara con la posibilidad de recuperar la importancia y la ilusión que un día tuvo. Hoy por hoy, el mínimo común denominador de algunos políticos ha sido la lucha del “todo vale” al perseguir un cargo, demostrando así –con mucho pesar- que el músculo político se está fundando en un cheque más que en el bien común. Pero Magallanes puede más.

Obviemos las promesas vacías y direccionadas únicamente a los medios de comunicación. Concentrémonos en lo que nuestra gente necesita. Honremos su confianza y tomemos el peso de la responsabilidad con que se nos enviste. Para bien o para mal, existe una innegable correlación entre honestidad, verdad y respeto por ello, en orden a dignificar y enaltecer el oficio, resulta imperioso cuidar y mejorar la forma de hacer política regional.  Como clase política, hagamos un meaculpa, seamos consecuentes y trabajemos para mejorar y para merecer nuestro puesto. Dejemos la mediocre y conformista excusa de “nadie está libre de pecado” y concentrémonos en potenciar la transparencia y la probidad de nuestro trabajo. Repensemos nuestras motivaciones, y de continuar en carrera, actuemos por genuina vocación de servicio, trabajando desde la humildad y desde la honradez, pero por la gente, como corresponde, no por el dinero o el reconocimiento público nacidos indudablemente del ego y la inseguridad.

No nos olvidemos que cualquiera puede estar frente al pueblo, pero son pocos los que logran convertirse en líderes con autoridad y honor legítimamente ganados. Y es a esto último a lo que siempre debemos aspirar.

Sandra Amar

Diputada de Magallanes

 

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