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Friday 14 December 2018
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¿DONDE ESTÁ TU HERMANO? POR JAVIER MUÑOZ

El año 1978 se vivió en Chile un encuentro internacional sobre los Derechos Humanos, en el que el religioso y profundo poeta Esteban Gumucio colaboró en la composición de una cantata en base al relato de la muerte de Abel por manos de su hermano Caín (Génesis 4). En él se escuchaba como un clamor imperioso el “¿Dónde está tu hermano?” Que Dios le pregunta al Caín homicida, pero lo importante aquí es la respuesta que este da “¿Acaso es mi obligación cuidar de él?”, cosa que hace quizás para esquivar su responsabilidad. Es desde esta frase que podemos sacar una lección, ¿Cuántas veces nos han preguntado, donde están nuestros hermanos?

El día miércoles fue leída una carta del Papa Francisco por el secretario de la Conferencia Episcopal Chilena en donde pide nuevamente perdón, esta vez no sólo por los abusos sexuales por todos conocidos que han empañado la acción evangelizadora de la Iglesia, sino por no escuchar a tiempo, por no hacer lo que se debe en su momento, e incluso podríamos decir, por la falta de celo existente ante una realidad que ya conocemos perfectamente. En nuestra sociedad se abusa de otro, ya sea de forma sexual, económica o de conciencia, en nuestra sociedad somos abusados, abusadores o cómplices pasivos de estos abusos.

¿Es importante la solicitud de perdón del Papa Francisco?, claro que sí, pero ¿debemos quedarnos sólo en la petición pública de perdón?, o ¿podríamos aprovechar de aprender todos la lección y cómo decía aquella cantata, hacernos responsables por nuestros hermanos?

En espacios anteriores he escrito sobre las inequidades de género, las discriminaciones vividas por los LGBTIQ, incluso sobre los migrantes, pero así como con justa razón no queremos pastores encubridores, no basta con que nosotros evitemos quedarnos callados ante las injusticas, sino también debemos trabajar activamente para que estas no sucedan.

El arrepentimiento es valioso, pero es tardío. Habla de una falta, un pecado o un delito ya cometido. ¿Cómo hacernos entonces responsables de cuidado de nuestros hermanos y hermanas? Creando espacios más protectores, donde un niño o niña puedan vivir su infancia sin miedo de perder su inocencia en manos de personas insanas, donde las mujeres puedan salir a la calle con la ropa que quieran sin el miedo a ser acosadas, donde uno pueda presentar sus opiniones a otros, con respeto, sin miedo a perder amistades o fuentes laborales.

Estamos lejos de esto, nuestra sociedad está enferma, pero la solución claramente no es la verborrea apabullante o la violencia castigadora, es convertirnos en activistas de un presente mejor, en definitiva, hacernos responsables por nuestro hermano.

 

Javier

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