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CLIMA Y DESARROLLO por ERNESTO SEPULVEDA

Amigos y amigas:

Recientemente se efectuó en Magallanes, el Simposio sobre  clima de APEC -Alianza de países del Asia pacífico-, de la cual nuestro país forma parte. Fue una ocasión excepcional para conocer de primera mano, información pura y dura, acerca del clima a nivel global. Científicos que llevan a cabo hoy en día investigación avanzada en esta área, nos alertan acerca de los efectos concretos en nuestra vida cotidiana, de la drástica reducción de precipitaciones en algunas áreas, y de inundaciones y tormentas, en otras áreas, donde no son usuales.

En Chile, constatamos la fragilidad de nuestros sistemas de monitoreo e información. Se evidencia la necesidad urgente de dotar de mayores recursos tanto a Onemi, como a las universidades y centros de investigación, que están generando conocimiento sobre el clima, y los fenómenos meteorológicos.

Todo lo que se nos ha dicho sobre el efecto en la atmósfera, de la polución ambiental, de la contaminación generada por la actividad humana, son ciertas. Y por alarmante que parezca, ya existen proyecciones que indican, cuanto tiempo disponemos como humanidad, para reducir el alza en la temperatura global. Algunos han llegado a afirmar que serían sólo 12 años.

Gases como el CO2, producidos por la combustión de combustibles fósiles, es uno de los principales causantes del denominado “Efecto invernadero”, que produce el aumento de la temperatura del planeta.

Iniciativas para reducir la emisión de carbono, o para la absorción del carbono que se emite, han estado negociándose entre las potencias industrializadas, sin que hasta la fecha se haya logrado reducciones apreciables.

A fines de este año se realizará en Chile la COP25, la cumbre sobre cambio climático de la Organización de Naciones Unidas. Chile es responsable del 0,26 % de las emisiones de CO2 globales, y sin embargo se ha propuesto adoptar medidas concretas para reducir su dependencia de los combustibles fósiles.

Como resulta evidente, el peso de las emisiones de CO2 la tienen las potencias industrializadas, que a su vez han sido reacias a adoptar compromisos mas exigentes para reducir el 90% de las emisiones de CO2 que son de su responsabilidad.

Ya lo hemos comentado anteriormente, nos parece inaudito que los países en vías de desarrollo, o derechamente los países pobres, deban asumir compromisos que condicionen o limiten su desarrollo económico. Mientras las grandes potencias desarrolladas continúan con la explotación de combustibles fósiles, generando la mayor carga de gases de efecto invernadero.

En Chile, se debe planificar con cautela el compromiso público-privado, que nos llevará a ser carbono neutrales. El lobby de las transnacionales extranjeras se siente con mas fuerza en los países pequeños. Y ya está demostrado, como invirtiendo grandes sumas en publicistas y activistas, pueden hacer fracasar proyectos de inversión viables, y sustentables.

En el tiempo actual debemos  diferenciar la información veraz, verificable, respaldada por datos científicos. De aquella otra información, que suele inundar las redes sociales, con notas sensacionalistas, que inducen al temor a la población.

Está claro, que nuestro planeta, es la CASA COMÚN, no hay por ahora otra alternativa. Debemos cuidar nuestro medio ambiente, debemos desarrollar nuestra vida y nuestras actividades productivas, en forma sustentable. Crecientemente estas actividades además deberán ser carbono neutrales.

Pero los países en vías de desarrollo, y los países pobres no pueden asumir el mismo grado de exigencia, que las potencias industriales. Valga decir que estas mismas potencias, vienen acumulando gases de efecto invernadero en la atmósfera, desde la revolución industrial, hace mas de 300 años. No parece justo que naciones jóvenes, como Chile, aún con enormes falencias en educación, en investigación y desarrollo, en ciencia y tecnología, deban abandonar la explotación de sus recursos energéticos.

Para un país como el nuestro, que el encuentro sobre cambio climático de la ONU, se realice en su territorio, constituye una oportunidad. Estamos en una etapa incipiente de nuestro desarrollo, aspiramos a lograr un desarrollo pleno, sustentable, pero sobre bases realistas. No podemos dejarnos intimidar  por el lobby de intereses extranjeros, que busca limitar nuestro desarrollo, y consagrar nuestra dependencia.

La COP25, probablemente concluirá con otra declaración de buenas intenciones, ya que las potencias industriales, que son los verdaderos contaminantes, no asumen el costo económico del cambio climático global.

Las grandes potencias, siguen en el siglo XXI actuando como los grandes imperios de siglo XVIII y XIX, imponiendo sus condiciones a todo el mundo, como si se tratara de sus antiguas colonias. La paradoja es que hoy día, una amplia gama de partidos progresistas, defiende como propios, esos conceptos y condiciones que las otrora potencias imperiales, no aplican en su propia casa.

Amigos y amigas, debemos cuidar nuestro maravilloso medio ambiente en la región de Magallanes. No necesitamos que una ONG extranjera nos enseñe como vivir en la zona extrema.

Pero no nos confundamos, una cosa es la que podemos hacer en el plano local, reciclando, reutilizando, reduciendo, y una cosa muy distinta es la que deben hacer en el norte del país, en los grandes centros de población.

Soy Ernesto Sepúlveda, y espero que las potencias industriales asuman el costo económico de la catástrofe climática, y se respete las características propias de nuestro desarrollo, y nuestro modo de vida.

Punta Arenas, lunes 9 de septiembre de 2019.-