Apenas logra unos segundos de calma. Una pausa y las lágrimas surgen nuevamente. Aún así intenta describir su experiencia, una realidad que a miles de kilómetros la golpea fuerte. "En el tsunami perdí a mi hija, a mi yerno, también a mi ex marido". Mireya Andrade necesita ser oída, necesita una palabra de aliento, compartir su dolor. En la guardia del cuartel de la Policía de Investigaciones espera por aquello.
"Lo que quiero es colocar una denuncia por presunta desgracia" dice.
Después afloran sus recuerdos, parte de lo que han sido los últimos días, el cómo inmediatamente después de la tragedia supo que las cosas no estaban bien para sus seres queridos. Su hija Paula Vanessa Retamal (27 años) y su esposo José Marcelo Ormeño Silva (32) estaban en Talcahuano, ciudad en la cual decidieron establecerse como matrimonio hace ya varios años.
Ella llegó a la Octava Región siendo pequeña, él es nacido en dicha zona.
De lo ocurrido la madrugada del sábado, sitúa a su hija en el sector de la base naval y a su yerno como parte de la tripulación de un buque que se mantenía a la gira.
Tras la crecida de las aguas y la violencia del impacto, ambos desaparecieron. Minutos después la embarcación apareció en medio del desastre, en la principal plaza de Talcahuano.
A la pareja le sobreviven dos hijas menores (de 4 y 3 años de edad), quienes se encuentran hoy al cuidado de los abuelos paternos.
Otra hija en medio de la tragedia
El nexo con la Octava Región lo mantiene a través de otra de sus hijas, Geraldine. En medio de la caótica situación, la joven de 23 años ha obtenido antecedentes sobre el destino sufrido por sus familiares y se ha mantenido en permanente contacto con su madre.
El tercer desaparecido es el padre de sus hijas, Lorenzo Emiliano Retamal Gallardo. El funcionario de la Armada (r) de 55 años también sucumbió al capricho de la naturaleza en la localidad de Lenga.
No hay para comer
El reloj marca las 15 con 40 minutos. Mireya Andrade señala que a eso de las cinco de la madrugada mantuvo contacto telefónico con su hija Geraldine.
"Son zombies en la calle", señala buscando describir la realidad por la que hoy atraviesa la comunidad de Talcahuano.
"Me dice que sólo ha comido un chocolate descompuesto, que no hay alimentos y que la ayuda no está llegando", enfatiza. Luego habla de sus temores y del peligro al que se está viendo expuesta su hija como parte de una desenfrenada danza de mal entendida sobrevivencia.
En la despedida, Mireya Andrade clama por saber el destino de sus familiares y hace presente el deseo de poder reencontrarse con su hija menor en Punta Arenas